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Demagogia y fascismo como prioridad presidencial

Recientemente la Presidencia de la República presentó su Política General de Gobierno, en la que afirma que “el primer paso es reconocer que los pobres no son únicamente quienes sufren por la mala distribución de los ingresos y la riqueza”, para, en líneas siguientes decirnos que “la pobreza no será erradicada si no deja de ser considerada como un obstáculo para edificación de ciudadanía”. Según parece, para Morales, pobreza y ciudadanía son dos cuestiones totalmente independientes o, leído de otra forma, es la ciudadanía la que permite erradicar la pobreza. No nos dice qué entiende por ciudadanía, pero a renglón seguido nos dice que “Nuestro principal problema es la pobreza provocada (…) sobre todo por la indiferencia de quienes no se comprometen con la construcción de una Guatemala libre, independiente y soberana”. No avanza Morales en la identificación de esos guatemaltecos indiferentes, mucho menos deja claro cómo esa falta de compromiso con la libertad y la independencia del país afecta los índices de pobreza. Pide Jimmy Morales que no nos lamentemos ante las exigencias, pues, dice, “abundan motivos para sentirnos orgullosos de formar parte de esta latitud de sol y de cordillera”.

Dichas esas galimatías con ínfulas de poesía, el documento pasa a presentarnos las prioridades presidenciales. Es, pues, el listado de compromisos del presidente y no del gobierno. Son sus responsabilidades y no las de su equipo. Lamentablemente, el texto es un instrumento poco útil para medir resultados, porque lo que se dice en una página no se desarrolla en las siguientes. Queda lleno de palabras bonitas, pero también de generalidades e incoherencias.

En lo que a educación se refiere, si bien dice que todo el plan se enmarca en los lineamientos establecidos en el K’atun 32 y en la parte de diagnóstico se afirma que la cobertura escolar en primaria ha caído, que el fracaso escolar y baja calidad de los aprendizajes continúan, las prioridades presidenciales en el tema son: educación alternativa extraescolar y tecnología en el aula.

No es prioridad presidencial, en consecuencia, ampliar la cobertura, o mejorar la calidad teniendo como instrumento la tecnología; es ella, por sí misma, su prioridad. Podemos aceptar, sin conceder, que si se tecnifica la enseñanza se podrán mejorar los resultados escolares, y hasta muy jalado de los pelos, imaginar que se evitaría el fracaso escolar y mejorar la cobertura con solo tener aulas “tecnificadas”, pero, de ser así, la prioridad sería reducir esos déficits y no llevar tecnología al aula.

Pero cuando, páginas más adelante se detallan las acciones estratégicas para educación, se listan 14; cuando las metas apenas son cinco. Si las acciones no son medibles caemos en la demagogia o en la improvisación, y es en lo que queda más de la mitad de las acciones que el señor presidente vendrá a realizar en el tema.

Como era de esperarse una acción estratégica en educación será “promover el nacionalismo para fortalecer la unidad dentro de la diversidad cultural, con la afirmación del orgullo de ser guatemaltecos”; sin embargo, siendo una acción tan apreciada por el presidente, no hay ninguna meta que permita en 2019 decir hasta dónde el sistema escolar consiguió hacer de los niños guatemaltecos los neofascistas que el señor Morales espera construir. Esta acción estratégica por sí misma es de asustar a cualquiera, pues han sido las dictaduras militares las que en todo el siglo XX usaron el nacionalismo para manipular a las poblaciones. Nacionalismo y orgullo nacional no se traducen en ciudadanía, pues mientras los primeros son sentimientos de competencia y disputa frente a los otros, la ciudadanía es el sentido de pertenencia con la conciencia de derechos y deberes dentro de la colectividad.

Sin cuantificar quedan también acciones como “atender a estudiantes con capacidades diferentes”, “mejorar el modelo de gestión en el aula”, “ejecutar el presupuesto con transparencia” o “asegurar la participación de la comunidad educativa”. Sin metas claras al final del período de gobierno se podrá decir que todo eso se cumplió, pues no hay, hasta ahora, referencias concretas que permitan establecer líneas de base para comparar resultados.

No es prioridad presidencial, en consecuencia, ampliar la cobertura, o mejorar la calidad teniendo como instrumento la tecnología; es ella, por sí misma, su prioridad.

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