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Con carácter ganador

Con un zarpazo de Enmanuel  Giaccherini en la primera mitad y un golazo de Pellé en el minuto 93 que desató la locura en la grada transalpina, la escuadra de Antonio Conte demostró que quizá no tenga el caché de otros torneos, pero que lleva en la sangre el carácter competitivo que ha hecho de Italia un grande de europa.

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Bélgica, que sigue sin derrotar a Italia en 34 años, llegaba con la etiqueta de favorita gracias una plantilla con jugadores de gran talento, pero chocó contra la poderosa defensa italiana y el descaro de sus centrocampistas.

No hubo necesidad de regar el césped. Los dioses se encargaron de preparar el terreno de juego. Una hora antes del partido cayó un chaparrón y después se abrió el cielo como por arte de magia para dar la bienvenida al espectáculo.

El encuentro no defraudó, sobre todo en la segunda mitad. En la primera hubo más intensidad y nervios que buen juego. Bélgica trató de llevar la iniciativa, pero caía una y otra vez en la tela de araña tejida por la zaga española.

La primera ocasión fue belga y partió de las botas de un jugador de la Roma, Nainggolan, con un fuerte disparo desde la frontal de área, un misil que atajó Buffon.

Recién cumplida la primera media hora de acción, Italia asestó un derechazo magistral y mandó a la lona a su rival. Desde el centro del campo, Bonucci envió un balón al corazón del área. Giaccherini lo atrapó tras ganarle la espalda a Alderweireld y con un sutil disparo cruzado superó a Courtois. El despiste de la zaga belga fue monumental.

La selección belga quedó noqueada. Los cinco minutos que siguieron al tanto fueron infernales para los pupilos de Wilmots. Primero, Candreva con un disparo desde el pico del área obligó a Courtois a hacer una buena parada. Y poco después, Pellé, completamente solo, a un palmo de la portería, cabeceó fuera.

Tras el descanso, el juego fue de ida y vuelta. Italia salió a matar el partido, pero se encontró con una Bélgica que se soltó la melena.

Marc Wilmots decidió entonces cambiar a un inoperante Lukaku, por otro delantero, Origim, además de introducir a Carrasco por Ciman. Los cambios reactivaron el ataque belga.

Los últimos minutos fueron de infarto. Bélica logró por fin quebrar a la defensa transalpina y contó con dos claras ocasiones, un centro de Martens que se paseó por el área chica sin encontrar rematador y un balón que le cayó a Fellaini en los pies en el corazón del área que no acertó a golpear.

El destino fue cruel para los jugadores belgas, puesto que cuando más parecía que podían empatar, Italia armó un último contraataque letal. Sobre la bocina, Pellé recibió un extraordinario centro de Candreva y armó una preciosa volea que rubricó la victoria italiana.

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