Home > Cultura > Calígula

He pasado la última semana en la ciudad de México, presenciando diversos géneros teatrales, buscando refrescar un poco la mente en un ambiente diferente al local. Entre lo visitado hay musicales para adultos y niños, comedias y dramas. Arrastrado por la curiosidad y luego de haber leído en la adolescencia los Doce Césares, de Suetonio y ver, a escondidas, extasiado y escandalizado en la galería del Sexta Avenida la inquietante película interpretada por Malcolm Mcdowel, me dirigí ya en pleno ejercicio de mi adultez al Centro Cultural el Foco para apreciar una versión escrita por Antonio González Caballero.

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Salí de allí con varias disquisiciones y una interrogante que aún no puedo contestar. Ésta es ¿cómo se materializó el monólogo de González Caballero? El contenido parece provenir mayormente de Suetonio pero también podría desprenderse del libreto homónimo de Albert Camus y otras pinceladas prestadas de la película. En fin, éste hecho escénico se constituye en acciones históricas atribuidas al propio Calígula, interpretadas y dirigidas por el actor Wilfrido Momox.  Artista que fue premiado hace 16 años como actor revelación, por su desempeño actoral en el rol del malogrado césar romano, otorgado por la Agrupación de Periodistas Teatrales. Cinco figurantes más le acompañan ayudando, con sus acciones, a visualizar la panorámica propuesta desde el texto.

Oscura, inquietante, grotesca en su estilo, la trama va sumando elementos que dependen en su mayoría de la capacidad histriónica de Momox. Su modo de dibujar la locura de Botitas (mote que los soldados le dieron a Calígula en su infancia), los vaivenes de su compleja personalidad bipolar, sus efímeros afectos y su inmensa soledad, quedan bien dibujados en la hora y media que dura la representación. Una distancia interpretativa que marca un abismo entre lo actuado por el resto de los chicos que lo acompañan en el escenario.

Más allá de los desnudos, algunas acciones trasgresoras y una suma de simbolismos, Calígula vale la pena por su valentía. Misma que al pertenecer al campo independiente, no está sujeta a las censuras institucionales y a las presiones comerciales de los insensibles productores. Algo que, si se da en Guatemala, está tan sumergido que es completamente invisible. Este tipo de teatro destrona, por su peso, a muchas de las ricas y poco comprometidas producciones de moda por esencial.

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