Home > Columnas > El mito de Paganini

Originalidad, virtuosismo, genialidad y extravagancia son, sin duda, los términos que mejor describen la personalidad de Nicollo Paganini (Génova, Italia, 27 de octubre de 1782 – Niza, Francia, 27 de mayo de 1840), el más grande violinista de la historia.

Su excéntrica apariencia y sus extraordinarios dotes histriónicos en cada una de sus presentaciones le valieron el mote de violinista del mal o violinista del diablo, lo cual aprovechó inteligentemente para cautivar a la audiencia, crear expectativa y expandir su fama por toda Europa.

Paganini dio su primer concierto a los nueve años, cuando interpretó una obra propia frente a un grupo de empresarios que, ante el talento del pequeño prodigio, decidieron apoyarlo. Fue así como su padre obtuvo el financiamiento para continuar la formación musical de Nicollo, que viajó a Parma para estudiar con el maestro Alessandro Rolla, quien confesó que no podía hacerse cargo de la educación de Paganini porque no tenía nada que enseñarle.

El violinista fue admirado no solo por el público sino por otros artistas de la época; entre los que destacan Liszt, Brahms, Rachmaninov, Goethe, Chopin, Heine, Berliotz y Schumann, quienes se maravillaban del dominio que el maestro poseía cuando interpretaba melodías en una tesitura altísima con cuerdas dobles o triples y producía arpegios y escalas veloces con una sola cuerda, después de haber roto las demás, e incluso conseguía que estas sonaran como si estuvieran completas.

Paganini amplió las posibilidades interpretativas del instrumento debido a su técnica innovadora, pero también gracias a determinadas características, en parte propias de su anatomía, y por otra, debido a largas horas de práctica. Además fue el primero en demostrar la trascendencia de la virtuosidad como un arte.

Su obra comprende 24 caprichos para violín, compuestos entre 1801 y 1807; sonatas para guitarra y violín, 6 conciertos, numerosas variaciones, un Motu Perpetuo y otras piezas.

Se han tejido infinidad de leyendas en torno al gran maestro italiano, pero estas, lejos de eclipsar su talento y memoria, han contribuido a que el mito de Paganini crezca y que después de 176 años de su muerte, su música siga vigente, poniendo ante nuestros ojos imágenes sonoras de extraordinaria belleza.

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