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Cultura de servilismo, corrupción e impunidad

Era cuestión de tiempo. En el ambiente se respiraba la certeza de que, tarde o temprano, debían ser encartados en los casos de corrupción que venían destapando el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). Las preguntas que se hacían en muchos corrillos eran: ¿Cuándo? y ¿Cómo?

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Ocurrió ayer. Pero el rumor que alimentó aquella certeza, corrió fuerte durante el Jueves de Cicig-MP del 2 de junio: entonces se les mencionó y hasta circularon falsas versiones sobre sus capturas. Debimos esperar hasta este Sábado de Cicig-MP para que se concretara la detención o las órdenes de captura contra cinco exministros de Estado, todos ellos servidores durante el gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Si bien no hubo mucha sorpresa respecto de los nombres (los exministros de la Defensa, generales Manuel López Ambrosio y Ulises Noé Anzueto Girón; el exministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla; el ex titular de Comunicaciones, Alejandro Sinibaldi; el exministro de Energía y Minas, Erick Archila, y Juan de Dios Rodríguez, expresidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), sí resalta las figuras corruptoras identificadas por MP-Cicig para echarles el guante: la asociación ilícita y el lavado de dinero para financiar obscenos regalos para Pérez Molina y Baldetti Elías.

En la lexicografía histórica guatemalteca tres palabras caracterizan con exactitud las prácticas sistemáticas en que incurrieron los ahora encartados: servilismo, corrupción e impunidad.

Para valorar el alcance del primero de esos términos, en la historia de Guatemala, debemos remontarnos por lo menos a los nefastos paradigmas de Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico. Respecto de la corrupción, no se necesita ir muy lejos: buena escuela tuvieron en los gobiernos militares, especialmente en el de Romeo Lucas García. Pero de las tres palabras citadas, impunidad es la clave, pues sin la certeza de que nada pasaría, difícilmente habrían quedado huellas tan comprometedoras.

Hay razones para el contento ciudadano por este Sábado de Cicig-MP, como se hizo patente ayer mismo en el retorno de los manifestantes a la plaza en el llamado #11J.

Pero más allá de las descargas ciudadanas de indignación, debe darse espacio a una profunda preocupación nacional por la grave cultura de servilismo, corrupción e impunidad, no solo en las más altas esferas gubernamentales, que este caso denota.

Nada de esto es realmente nuevo para nadie. Lo que están haciendo el MP y la Cicig es documentar con casos concretos las expresiones de esa cultura arraigada, llevando ante la justicia a algunos de sus protagonistas. Y, de paso, ofreciéndonos un enorme espejo para que Guatemala se vea de cuerpo entero.

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