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Luces y sombras de una política paticoja

Nadie puede regatear al Ministerio Público (MP) y a la Policía Nacional Civil (PNC) el mérito de operativos certeros y contundentes, como el efectuado ayer bajo el nombre Operación Halcón-Rescate de Chinautla.

No es solamente el despliegue de fuerzas que permite realizar más de 60 allanamientos y lograr 41 capturas: es también el objetivo preciso de estas últimas, que lleva a la detención de un presunto cabecilla y el desmantelamiento –no se sabe si total y definitivo– de clicas de la pandilla Barrio 18.

En estos, como en operativos similares anteriores (especialmente llamado Rescate del Sur) se puso a prueba y se confirma la bondad de la metodología seguida por el MP, bajo la denominación genérica de persecución penal estratégica, ampliamente apoyada en la recopilación sistemática de información que hace posible asestar golpes contundentes a las organizaciones criminales.

En los casos concretos que se comentan, tampoco cabe duda de que tendrán un efecto liberador para una amplia cantidad de zonas, colonias y municipios del norte y el nororiente metropolitano de Guatemala. Si bien los operativos se centran en Chinautla y Tiquisate, sus repercusiones liberadoras alcanzan grandes conglomerados humanos al norte del eje vial constituido por la calle Martí y la calzada José Milla y Vidaurre.

Transportistas, taxistas, mototaxistas, propietarios de pequeños, medianos y grandes negocios, vecinos y hasta transeúntes de un vasto territorio metropolitano, se verán libres de las exacciones de los pandilleros. Se terminó para muchos el temor de “recibir el teléfono” y la angustia de reunir el dinero para pagar la extorsión.

La pregunta es ¿por cuánto tiempo? Mal haríamos si no llamamos la atención sobre la insuficiencia de una política de seguridad que acumula y apuesta a tener, éxitos en el ámbito de la investigación estratégica y las capturas de resonancia, pero llega hasta ahí, dejando el vacío de las medidas de fondo; tanto en lo preventivo, como en lo correctivo, que apunta hacia la política penitenciaria.

Más allá de la persistencia de la política de capturas masivas, inevitablemente se agudiza el problema del hacinamiento carcelario y  debe repararse en el hecho de que el vacío dejado por los extorsionistas capturados, más temprano que tarde es llenado por otros. Tanto o más sanguinarios, que los detenidos ahora.

Sin duda, estamos ante un problema complejo, que no se resuelve exclusivamente con más y más capturas. Mientras subsista la fuente social de alimentación a las maras (violencia intrafamiliar, familias desintegradas y disfuncionales, falta de oportunidades educativas, laborales y de recreación, marginalidad, etcétera), seguiremos cayendo por la pendiente de la violencia insoportable.

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