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Las universidades en Guatemala (2)

Las universidades con mayor tradición en Guatemala han querido definir un perfil propio y original que distinga la identidad de sus egresados. Para ello han preparado un conjunto de profesores que son capaces de repetir una y otra vez los mismos principios ideológicos. La fidelidad al espíritu es más importante que tomar conciencia de que con ello sumen a la academia en la aceptación de teorías que han quedado en el pasado y que no son capaces de comprender y explicar los problemas actuales que confrontamos, mucho menos innovar,  transformar y ser parte de la construcción de proyectos sociales más vivibles.

Creo que ya hay suficiente evidencia para reconocer que ni la revolución comunista sucederá, ni el imperio del libre mercado sin cortapisa alguna será una realidad. Las complejidades del mundo actual superan con creces los principios y teorías de Marx o Mises. El valor histórico de estos pensamientos es indiscutible, pero su aceptación como fundamentos de la ciencia o la filosofía en la actualidad es solo comparable a quienes pretenden construir la universidad siguiendo los principios bíblicos, sean estos de cualquier denominación religiosa o reinterpretando lo que algún santo siguió como patrón de vida hace centurias.

La realidad es cambiante y demanda nuevas formas de construcción del conocimiento. La academia supera los ámbitos de formación profesional y se construye a base de la investigación. La universidad que solo se encubre en la formación de falsas identidades universitarias y que no es capaz de promover la investigación solo contribuye a mantener  el estado de cosas en el país. Es más, se constituye en cómplice de la dinámica actual que vivimos en la que se observa a muchos profesionales al servicio de los intereses más abyectos.

El riesgo que se corre ante una universidad incapaz de construir conocimiento y actualizarse permanentemente es confundir la naturaleza misma de “autonomía”, “libertad” e “independencia” que establece la Constitución. Pues lo que se pretende es garantizar la libertad de cátedra y fortalecer nuevas formas de abordar los problemas en las diferentes esferas de la vida, más que hundirse en falsas ideologías que están más preocupadas en convertir la universidad en un negocio, como si fuera colegio de la secundaria.

Esto se muestra en las instancias de contratación de docentes. En la universidad estatal existen concursos de selección. Pero lamentablemente en muchos de los casos son controlados por los grupos de poder facultativos, los cuales solo permiten la entrada a quienes apoyan a su grupo político, más que a quienes tienen mayor capacidad y formación. Mientras que en las universidades privadas no existen concursos, solo se contratan profesores a última hora y sin proceso alguno.

Las universidades de mayor tradición han optado por resguardar sus “identidades” contratando única y exclusivamente profesionales egresados de la misma universidad. No permiten aire fresco, ni dan chance alguno a vivir la libertad y autonomía que instituye a la academia. Más bien se trata de reducir cualquier resquicio de nuevas aproximaciones y de reinvenciones que vigorizan los estudios académicos.

Así, los perfiles de sus egresados constituyen réplicas unidimensionales incapaces de ver el horizonte desde distintas perspectivas y en sus múltiples facetas. Además de la reforma del sector justicia es urgente una reforma al sistema académico, si deseamos rescatar no solo la autonomía universitaria sino también la del país.

El riesgo que se corre ante una universidad incapaz de construir conocimiento, es confundir la naturaleza misma de “autonomía”, “libertad” e “independencia” .

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