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El MoMA hace realidad el sueño frustrado del dadaísmo

El sueño del dadaísmo que en 1921 no consiguió que viera la luz uno los fundadores del movimiento de entreguerras, del poeta parisino de origen rumano Tristan Tzara, se ha convertido en realidad casi un siglo después en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

El templo del arte moderno neoyorquino ha recopilado los trabajos que Tzara recabó en su día para reunir a los mayores exponentes del dadaísmo en todo el mundo en la antología Dadaglobe, que nunca llegó publicarse.

Dadaglobe Reconstructed, que se exhibirá en el MoMA desde el 8 de junio hasta el 12 de septiembre, muestra más de 100 obras de 40 artistas que en su día respondieron a ese intento de compilación universal.

El poeta escribió en 1920 sendas cartas a los principales artistas del movimiento para que le hicieran llegar sus obras.

En una primera misiva, Tzara reclamó que le enviaran sus propios retratos, eso sí, con un giro dadaísta, un estilo en contra de los autoritarismos y las convenciones más formales del arte.

La fotografía estaba en ese momento trasladándose de los museos a la cotidianeidad y la Liga de las Naciones europea acaba de establecer la obligación de que los pasaportes llevaran fotos de carné.

“Se trata de una colección única de prosa, poesía, dibujos, fotografías y otras invenciones, todo con su tono dadaísta”, dijo Samantha Friedman, comisaria de la muestra.

Friedman destacó que se trata de la primera vez que el MoMA dedica una muestra al dadaísmo, cuyas obras se habían recogido anteriormente en exhibiciones en las que compartía protagonismo con el movimiento que le siguió, el surrealismo.

Algunas de las piezas más icónicas incluidas en la exhibición son el juego de ilustraciones Dada Milky Way, del alemán Johannes Baader; el retrato con ilustraciones superpuestas Bloomfield, de Erwin Blumfeld; Punching Ball or the Inmoratality of Buonarroti, de Max Ernest, o Woman, de Man Ray.

Censura y dinero

El principal impedimento para que Tzara publicara su antología fue económico, aunque también se habla de un subtexto de censura.

“Esta recopilación implicaba constantes envíos entre artistas de Francia y Alemania, entre otros países, en un momento en el que el Gobierno vetaba los envíos transfronterizos y existían los recelos de entreguerras”, explica la experta Adrian Sudhalter.

Preguntada sobre cómo definir el dadaísmo desde la perspectiva actual, cuando las nuevas tecnologías han roto cualquier frontera imaginativa o física y en la que los internautas utilizan infinidad de aplicaciones para jugar con su propia imagen y compartirla, Friedman señaló que “no es un movimiento, ni un estilo, más bien un compromiso con el intercambio internacional”.

“Hasta la palabra ‘dada’, tan simple e incomprensible en cualquier lengua, tiene esa voluntad de trascender fronteras. Lo que buscaba Tzara con su antología también era eso. Crear un libro con los trabajos de todos los dadaístas que cruzara fronteras”, concluyó.

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