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Demagogia populista o compromiso democrático

En la conferencia de prensa que el 2 de junio ofreció el presidente Morales junto a la fiscal general y el comisionado Velásquez, al ser interpelado sobre las reformas electorales afirmó, vehementemente, que esta semana presentará su propuesta.

La reportera, al preguntar, no dejó de emitir sarcásticamente su opinión contra las reformas recién aprobadas, afirmando que han sido “tan cacareadas por el presidente del Legislativo”. Morales, aprovechando el apoyo periodístico, sonriente, afirmó que será portador de la propuesta que efectivamente responda a las demandas de la plaza. Estamos, pues, ante un momento crucial en la historia política del país, pues si tomamos la palabra al presidente tendremos en los próximos días la propuesta que sintetice el pensar del grupo en el gobierno.

Es ya opinión común, por efectivo conocimiento o simple repetición, que la reforma recién aprobada, precisamente con votos en contra del grupo parlamentario del presidente, no viene a transformar de manera radical nuestro sistema político. Pero, como lo hemos dicho varias veces en este espacio, para ello se necesita no solo una reforma constitucional sino la conformación de una nueva mayoría social que comprenda y acuerpe esas transformaciones, sobre las que hay claras discrepancias cuando de democracia y representación social se habla, según se sea pro oligárquico y aristócrata o efectivamente democrático.

En otras oportunidades el presidente Morales ha insistido en que la reforma aprobada no le satisface porque no redujo el número de diputados ni se impidió la reelección, como lo han tratado de imponer en su momento los antidemocráticos sectores de Pro-reforma y cuyas posiciones parece compartir. Sin llegar a entender que para ello es necesaria una reforma constitucional, poco parece importarle que ambas propuestas sean claramente antidemocráticas.

Cuando horas antes de que feneciera el plazo para ratificarlas hizo, a regañadientes, el anuncio de que las aprobaría, estuvo acompañado de lo más granado del pensamiento político nacional, por lo que si quiere hacer una propuesta seria y democrática, tiene a su favor todo ese capital intelectual. Algunos puede que le aconsejen presentar una propuesta aristrocrática, al estilo Pro-reforma, con un Congreso pequeño donde solo quepan los designados por quienes detentan el poder económico. Pero, considerando que la gran mayoría de ellos entiende mucho de democracia y poder público, es probable que no dejarán que a la población se le cercene el derecho a tener suficientes representantes que se identifiquen con sus intereses.

Es necesario tener claro que la escandalosa corrupción que campea por todos los órganos del Estado no es, en el caso del Congreso, consecuencia del número de diputados, sino de la manera como las élites económicas lo han cooptado para que solo se legisle con base en sus intereses. De la ley de bebidas cuando Ríos Montt presidió el Congreso, a las reformas a la de telecomunicaciones con Gudy Rivera, los beneficios de los monopolios son evidentes. Los Rabbé, Crespo y Fajardo no son corruptos porque el Congreso sea numeroso, sino porque al representar a grupos de interés conservadores y autoritarios han negociado mano libre para la corrupción. No son consecuencia de la democracia, sino producto de que esta no es efectivamente ejercida por la población.

Una seria reforma política exige, por un lado, que los partidos políticos verdaderamente se democraticen, dejando de ser simples agencias de empleo, poseyendo un claro y delimitado proyecto de país. Las recién aprobadas reformas establecen algunas exigencias al respecto, pero será necesario ir más al fondo para que se impulsen organizaciones que efectivamente representen intereses sociales diversos. Por otra parte, es indispensable una activa, profunda y constante educación política que permita a los ciudadanos entender la democracia como el principio básico para la construcción de una sociedad equitativa.

En los próximos días sabremos si Morales es un demagogo y populista más o un efectivo impulsor de la modernización del país. Puede ser, también, que se quede en un simple merolico y no cumpla lo que promete. De cualquier manera, quien quita y la adormecida PNRE despierta y hace lo que no fue capaz de hacer cuando las mobilizaciones del 2015.

Estamos ante un momento crucial en la historia política del país, si tomamos la palabra al presidente, en los próximos días tendremos la propuesta que sintetice el pensar del grupo en el gobierno.

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