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Cultivo extranjero que cosecha conflictividad

El cultivo de la Elaeis guineensis, mejor conocida como palma africana, fue introducido en Guatemala en 1988 en áreas antes destinadas a la siembra de algodón, lo que no tendría nada de particular, si no fuera porque tal actividad agroindustrial ha ocasionado los problemas ambientales y conflictos sociales en diferentes comunidades del país.

La educadora ambiental del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (Marn), Julia Flores, comentó que uno de los problemas con este cultivo es que “se han degradado muchas zonas naturales para sembrar palma africana, cuando la primera intención era para hacerlo en zonas que ya estuvieran deforestadas”.

Agregó que el suelo destinado a este monocultivo se está utilizando como un sistema productivo, cuando originalmente se había contemplado como un mecanismo de adaptación por el cambio climático, para la captura de carbono y para producir biodiésel.

“Hay poblaciones que están siendo desplazadas; hay expropiaciones y coacción para sembrar palma africana, lo que no era el objetivo primordial de su introducción”, dijo.

En cuanto a los beneficios de estas plantaciones cerca de las comunidades, la educadora expuso que lo único benéfico es que genera  fuentes de trabajo, “pero aun así es un riesgo, porque se incrementan las especies de ciertas serpientes, que muerden y matan a los trabajadores ”.

Además, señaló que hay otras opciones viables para promover el desarrollo local, como mecanismos de adaptación, pero con especies nativas menos agresivas con la tierra. “La palma africana ha generado muchas polémicas sobre cuál es su verdadero beneficio y al final de cuentas, se trata de economías  que en su momento fueron alternativas, pero ahora ya no son viables, porque están desplazando especies locales o nativas, y una zona degradada ya no es viable para ninguna otra actividad”.

Conflictividad social

El coordinador del Área de Desarrollo Rural del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac), Adrián Zapata, argumentó que uno de los problemas que procaados por las plantaciones de palma africana es la conflictividad social, además de otros aspectos como la apropiación de los recursos naturales.

“Los factores que potencian la conflictividad social, por monocultivos son: la reconcentración de la propiedad de la tierra; es decir, el desplazamiento de la extensión de tierra que se dedica a los monocultivos; por otro lado, la afectación de áreas que podrían dedicarse a la producción de alimentos; y el efecto ambiental que provocan estos cultivos”, afirmó el analista.

Zapata resaltó que en términos de aporte económico al país y a la población, su cultivo es algo positivo, pero este no equivale mecánicamente al crecimiento de la economía.

“Si en los monocultivos no hay una política que regule esta actividad, podría ser contraria para el desarrollo humano de quienes habitan en los lugares rurales y en lo ambiental”.

Agregó que los enfrentamientos de las poblaciones y empresarios en los territorios rurales también están relacionados con otros sectores, debido a la apropiación de los recursos naturales, como la minería, las hidroeléctricas, los monocultivos y el agua, como es el caso del desvío de varios ríos y la contaminación de otros.

La palmicultura en Guatemala

Como contraparte en esta discusión, la directora ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala, Susana Siekavizza, explicó que las plantaciones de palma se introdujeron a finales de los años ochenta posterior a la crisis mundial del algodón, debido a que esas plantaciones se quedaron sin materia prima, por lo que se buscó un sustituto, no para el algodón, sino para el aceite que producía la semilla del algodón.

En 1988 se estableció la producción del cultivo en Guatemala, en la zona sur, que comprende San Marcos, Quetzaltenango, Retalhuleu, Suchitepéquez y Escuintla.

“A finales de los noventa, el cultivo comenzó a migrar a la zona nororiental, que es la parte del Atlántico; es decir, en Izabal y Alta Verapaz, en la parte del Valle del Polochic y la zona norte, que es el sur de Petén.

En esas áreas hay actualmente cerca de 150 mil hectáreas sembradas con palma. Más o menos el cultivo representa el 4% del total de la superficie agrícola del país”, relató Siekavizza.

La producción de la palma en Guatemala se utiliza principalmente para elaborar grasas y aceites para la dieta humana. El resto, pero en un mínimo 1%, para uso industrial, como fabricación de jabones y detergentes.

“La razón por la que la palma es actualmente lo más cultivado mundialmente, es  que la producción del aceite es más eficiente por hectárea; o sea, más aceite en menos tierra. Este árbol tropical tiene en el mundo cerca de 14 millones de hectáreas sembradas que producen a cambio 54 millones de toneladas de aceite, frente a la soya, que tiene 104 millones de hectáreas sembradas y solo produce 42 millones de toneladas de aceite”, expuso  Siekavizza.

Datos de producción

La palma es un árbol tropical perenne, lo cual quiere decir que no tiene una estación de producción, por lo que todo el año se cosecha. “En los 12 meses hay gente laborando dentro del cultivo de la palma, aunque hay algunos que tienen picos de crecimiento, que principalmente coinciden con la época de lluvias”, indicó Siekavizza.

Sobre las exportaciones de la materia prima que se derivan de la palma africana, el 70% del aceite crudo de palma y el 80% del aceite llamado paliniste, se envía principalmente a México, Centroamérica, Europa y, en menor cantidad, a Estados Unidos.

El sector genera alrededor de 25 mil empleos directos y cerca de 125 mil indirectos. La Gremial de Palmicultores de Guatemala cuenta con 43 empresas asociadas, tanto pequeñas, como  medianas y grandes.

Tribunal del Agua Recomendaciones

En su VI Audiencia pública, el Tribunal del Agua emitió siete recomendaciones al país tras recibir una denuncia de que la expansión del cultivo de palma africana tenía un fuerte impacto en las fuentes de agua guatemaltecas.

Reunidos en Guatemala, del 5 al 9 de octubre del año pasado, recomendó que el Estado establezca las políticas necesarias para detener la expansión de este cultivo, el uso de agroquímicos altamente tóxicos, como el malatión, y las fumigaciones aéreas en zonas pobladas.

También pidió que se realizara una evaluación técnica y estratégica sobre el cultivo de la palma africana y sus efectos en los ecosistemas y en los derechos al agua, salud y alimentación de las comunidades afectadas. Adicionalmente, que se fortalezca a la Fiscalía de Delitos contra el Ambiente y se le otorguen los medios adecuados para ejercer su mandato.

Pide concluir proceso Río La Pasión

La empresa Reforestadora de Palmas del Petén, S. A. (Repsa) solicitó al sector justicia, que tiene a su cargo las investigaciones por la contaminación del río La Pasión, el año pasado, que no se dejen intimidar, ni influenciar por campañas mediáticas o por la presión que por medio de diferentes actividades y medios pueden desarrollarse.

La empresa afirmó en un comunicado que “continúa siendo la más interesada en que se agoten las investigaciones relacionadas con la muerte de peces en el río La Pasión”, y pidió a las autoridades que continúen con las investigaciones para esclarecer los hechos y reiteró “su fe en el imperio de la ley y la objetividad de la justicia”.

Señaló que la firma ha colaborado con todo lo que le ha sido requerido para desarrollar las pesquisas que realiza el Ministerio Público.

La compañía recordó que tienen 16 años de operar en Sayaxché, Petén, y que actualmente brinda empleo a 4,400 personas. En 2015 se registraron dos eventos graves de contaminación, el 28 de abril y el 30 de mayo.

Informe ambiental

En 2015 se registraron dos eventos de mortandad de peces debido a altos niveles de contaminación en el Río La Pasión. El primero fue el 28 de abril y el segundo el 30 de mayo, los cuales se dieron a conocer por denuncias de las comunidades de las aldeas Champerico y el Pato, en Sayaxché, Petén.

Una comisión del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) y del Centro de Datos para la Conservación del Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala visitó el área y documentó los efectos dañinos sobre la ictiofauna (conjunto de especies de peces que existen en una determinada región biogeográfica) del Río La Pasión, mas no así sobre otros grupos de vertebrados ni sobre la vegetación.

Entre las recomendaciones, la comisión sugiere la necesidad de plantear un programa formal de monitoreo con preguntas e indicadores clave para gestionar los recursos biológicos.

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