Home > Columnas > Lo que no tiene nombre

La patria del Partido Patriota (PP) fue siempre su propio bolsillo. En las elecciones de 2011 el general Otto Pérez Molina obtuvo 2.300,979 votos en la segunda vuelta (casi 54%). La clase media guatemalteca votó entusiasmada por el Patriota.

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La exvicepresidenta Baldetti divulgaba con gran bombo que combatiría la corrupción y que convertiría la transparencia en un rasgo del Estado.

Por su parte, Pérez Molina se dedicó durante la campaña electoral, con énfasis repetitivo, a publicitar sus métodos de mano dura que harían desaparecer la inseguridad. Dejemos lo prometido a un lado; focalicemos en lo efectuado y en las tendencias antidemocráticas y autoritarias mostradas con creces por el fallido y ladrón gobierno del binomio Pérez Molina y Baldetti, los héroes de antes de la clase media y del alto empresariado.

La corrupción se extendió y se hizo millonaria. La falta de transparencia fue un descaro inadmisible. Un gran desfalco y peculado ilimitado: La Línea y aduanas, Portuaria, Fonapaz, cárceles, armas para la Policía, y deje de contar, que falta mucho. Además, Hambre Cero en realidad fue Verdad Cero, pues la desnutrición infantil es todavía galopante y la seguridad alimentaria está por los suelos.

El general, hoy preso, logró con movidas en el Congreso que se aprobara una ley de televisión y radio antidemocrática y escondida, favorable al raterismo. 25 años más para los canales, hoy acusados de mafiosos, de Ángel González, cuya esposa está prófuga.

Y claro que el general quería que se fuera la Cicig, como siguen queriéndolo las facciones de ultraderecha autollamadas antiterroristas junto a la banda de diputados del FCN que creyeron llegarían a disfrutar del perverso mecanismo de corrupción construido por el PP. Las estructuras que utilizaron durante el conflicto armado para robar y reprimir las elaboraron aún más, convirtiendo al PP en una maquinaria abominable de corrupción y autoritarismo.

Los allanamientos y capturas recién efectuados por el Ministerio Público y la Cicig son un golpe frontal al sindicato de ladrones disfrazados de políticos. Y vienen más. No se ha tocado fondo como ha indicado claramente el comisionado Iván Velásquez.

Lo que no tiene nombre es la cooptación del Estado dentro de una estrategia casi castrense. Es decir, se trata de delitos premeditados de corrupción estructural. Mientras millones se iban a manos “patriotas” y por otro lado se les pagaban sumas millonarias para obtener favores en licitaciones y otros negocios, los hospitales, sin medicinas,  y el IGSS con equipo deficiente para diálisis, otro negocio más, con el resultado de casi 20 pacientes muertos.

Se necesita Cicig por varios años para limpiar definitivamente la cueva de ladrones. Velásquez y Thelma Aldana han hecho más por Guatemala que todos los anteriores gobiernos juntos. Urgen partidos serios y democráticos. Solo ciudadanos comprometidos con la democracia pueden lograrlo.

Se necesita Cicig por varios años para limpiar definitivamente la cueva de ladrones.

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