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El sueño de Otto Castillo y la pesadilla actual

Entre los muchos destellos que alimentaron la vida y la poesía de Otto René Castillo destaca su certeza en el advenimiento, para Guatemala y el mundo, de un tiempo de felicidad y humanidad, distinto al que le tocó vivir.

En “Frente al balance, mañana”, anuncia: “Y cuando se haga/ el entusiasta recuento / de nuestro tiempo, / por los que todavía / no han nacido, / pero que se anuncian / con su rostro / más bondadoso, / saldremos gananciosos / los que más hemos / sufrido de él. / Y es que adelantarse / uno a su tiempo, / es sufrir mucho de él”.

La utopía que aún nos mantiene vivos, luchando, la anticipa triunfante y eso lo autoriza a “amar al mundo / con los ojos / de los que no han nacido / todavía”. Es tan profunda su convicción que en “Retorno a la sonrisa” comparte la noticia: “Los niños/ nacidos / a finales / del siglo / serán alegres”.

Desde su puesto combatiente, a mediados del siglo XX, Otto René Castillo sueña un mundo donde “los niños serán alegres, volverán otra vez a reír”. Y, unas estrofas más adelante afirma: “Desde mi tiempo áspero / veo un rostro de niño / inundado de gran felicidad / silvestre y colectiva…”

¡Cuánto estupor e indignación causa saber irrealizado aquel sueño, comprobar que nuestro tiempo es aun más duro, áspero e insensible que el vivido por Otto René Castillo!

En Guatemala, en 2016, quienes más sufren son precisamente aquellos a quienes el poeta soñó felices y sonrientes. Así lo documentan, hasta la saciedad, tres estudios presentados la semana anterior: el Informe de Situación de la Trata de Personas en Guatemala 2015, de la Procuraduría de los Derechos Humanos; el documento Trata de personas con fines de explotación sexual en Guatemala, elaborado conjuntamente por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, y el texto Violencia, niñez y crimen organizado, elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Señalan las graves debilidades y las complicidades de la institucionalidad pública, y la preocupante permisividad social respecto de prácticas violatorias de los derechos esenciales de la niñez. Hacen referencia al impacto que sobre ella tiene la violencia: familiar, callejera, estatal y del crimen organizado.

Es víctima predilecta de los tratantes de personas, pero también de los agentes migratorios: en 2015 fueron deportados desde México y Estados Unidos 14 mil 498 menores guatemaltecos.

¿Qué decir de sus derechos fundamentales? La vergonzosa estadística de 55 de cada 100 infantes menores de 5 años aquejados de desnutrición. Y en las escuelas primarias (cifra que el gobierno no se atreve a publicar) la cobertura derrumbada a 75 por ciento.

Puertas cerradas al futuro desde el presente.

Ese presente que quiere vernos con el Manual para vivir con la derrota, bajo el brazo. ¡Pero no! Aquí seguimos porfiando, para cantar con Otto René Castillo “por la niñez del mundo / venidero, y, lo proclamo a grandes / voces, lleno de júbilo universal”.

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