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Estaba emocionada y pensaba que aún faltaba mucho por llegar, pero realmente al llegar a la cima no es que saliera una gran emoción de felicidad en ese momento, sino un sentimiento profundo de satisfacción. Un agradecimiento a todos los que hicieron posible la complejidad de la meta trazada. Nos dimos un gran abrazo montañero junto con mis sherpas y fue maravilloso.

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Estaba muy nerviosa por la cantidad de gente y todo el ascenso venía pensando en el descenso, ya que observaba gente que estaba muy mal. Personas que se caían y otras que pedían oxígeno… Sentía impotencia y frustración, pues… No había nada por hacer, nadie tenía “más oxígeno” para ellos.

El paisaje en la cima era maravilloso; se observaba Makalu, Lhotse, Nuptse, Pumori desde arriba, y era majestuoso e impactante saber y recordar dónde estaba uno. Tomé varias fotografías y algunos videos, estaba extasiada pero recordando siempre que debía descender pronto. Estuve en total unos 20 minutos en la cima y les anuncié a mis sherpas que empezáramos a bajar.

Muchos pensamientos pasaron por mi mente en esos momentos; yo pensé que sentiría mucha “felicidad”, pero más que eso era el sentimiento de ya NO sentirme frustrada por NO llegar… Esa nube negra que a veces me atormentaba, había, finalmente, desaparecido… Everest se adueñó de mi vida, de mi ser, de mis pensamiento, por un par de años… Y era increíble el sentimiento de liberación y libertad que ahora poseía; una pequeña y gran locura blanca.

Me despertaba pensando en lo mismo; me dormía pensando en lo mismo y mi mundo giraba alrededor de lo mismo y el sentimiento tan desgarrador de frustración era cada vez más intenso, y la única forma de sanarlo era conquistándolo, no con un fin egocéntrico, ni por fama o dinero, sino por salud, física y emocional para mí y para todas las personas a mi alrededor.

Pensar en la cima y que aún debíamos pasar otra noche en campo 4, luego bajar a campo 2, descender al base, empacar y finalmente llegar a Katmandú seguía siendo un camino muy largo.

Estábamos en la mitad del trayecto y todo se resumía a alcanzar y armar nuevas minimetas para el descenso. Aún era peligroso y, es más, el peligro más fuerte iniciaba. Salimos el 19 de mayo hacia la cima, pero estuvimos en la cima misma el 20 de mayo. Estaba un tanto desesperada por bajar, pero debía seguir con la misma filosofía de constancia, paciencia y corazón. No podíamos flaquear.

En campo 2, recuerdo que me sentía tremendamente cansada, a pesar de haber pasado dos noches iniciando el descenso; recuerdo que pedía hacerlo para que las horas transcurrieran rápido; sentía una emergencia por bajar de altura ya que las noches se me hacían muy largas, tediosas y hostiles.

Sentir la cara fría ya no me causaba gracia, y sentir ahogos por la noche debido a la altura se volvía incontrolable… La experiencia fue mágica, potente, inolvidable, y sacó mis más grandes virtudes; aprendí no solo grandes lecciones, sino que viví mi vida intensamente tal y como me describo emocionalmente.

Interesante forma de entrenarme por un par de años, y lo mejor de todo es compartirlo con todos a mi alrededor de la mejor forma, siendo esta, tinta sobre papel. Paciencia, nuevamente, he aprendido la majestuosidad de lo que esto significa y lo agradezco infinitamente. Enfocar la energía en algo que te sumerja tanto, al grado que se apodere de ti, ha sido lo mejor que he experimentado hasta hoy. Doy GRACIAS aquí y ahora nuevamente a Guatemala por latir conmigo, y lloro por dentro finalmente de la emoción y mis ojos se humedecen al saber que ese recuerdo finalmente queda tatuado en mi alma y mi ser, porque Everest no pasó por mi vida, Everest SUCEDIÓ finalmente!!.

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