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Cascarones sólidos, pero ineficientes

Los Consejos de Desarrollo se crearon con la finalidad de facilitar la ejecución de obras para beneficio de las comunidades. La idea central es muy buena, pues se pensó en que fueran los propios habitantes de una población quienes se encargaran de identificar sus problemas y falencias en infraestructura, buscaran soluciones a ellos y ejecutaran los proyectos que les fueran aprobados a través de estas instituciones.

No se puede decir que todo sea malo. Lo que se ha planteado con anterioridad es una muestra de que el espíritu del esquema que da vida a los consejos es plausible y, si quiere decirse, hasta funcional. Su sistema piramidal permite pensar en la garantía de hacer llegar la información sobre las necesidades de una comunidad, hasta las autoridades encargadas de resolver el asunto. Por ello es que se crearon Consejos Departamentales (Codedes) y Consejos Municipales (Comudes). Lo que necesitan para funcionar eficazmente, es información de los comunitarios sobre los principales problemas que les aquejan. Una vez enterados, los Comudes, donde hay representantes de todos los sectores y poblados, evalúan los casos, los priorizan y los trasladan hasta los Codedes para que se aprueben y se asignen los recursos en los presupuestos de la nación.

El problema es que a las instituciones las hacen funcionar los seres humanos y, lamentablemente, son estos los que permiten que las cosas caminen o se queden estancadas. También son estos los que garantizan que las inversiones sean adecuadas o que terminen facilitando la corrupción, en el menor de los casos, cuando no, involucrándose en ella.

Las instituciones, entonces, son eficientes cuando quienes las dirigen y trabajan en ellas lo son. No podemos esperar que las entidades funcionen por sí mismas. Y si quienes deben empujar el vehículo no tienen fuerzas o simplemente se hacen los locos, es obvio que ninguna entidad, por bien organizada que parezca, funcione.

La cifra de Q3 millones, que representa lo devuelto por los Codedes al Fondo Común del Estado por falta de ejecución, puede parecer una nada. Sin embargo, debe aclararse que eso solo corresponde a los registros de cinco departamentos y en los primeros cinco meses del año. Las palabras del encargado de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan) son evidentes para darse cuenta de la magnitud que puede tener la ineficiencia de los consejos. Según él, hay casos en un solo Comude en los que de Q68 millones disponibles terminan devolviendo Q8 millones. Si pensamos en que existen 287 Comudes, podemos formarnos una idea de lo que al final puede implicar la ineficaz administración de esas entidades que fueron creadas con buenas intenciones, para el beneficio de la población más necesitada y con respuestas rápidas y eficientes.

Estas organizaciones entonces, resultan ser una especie de cascarón duro, pero incapaz de cumplir la función para la que fue creado.

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