Home > Cultura > 248 + 208 = 4,416

Un concurso basado en el apremio, adrenalina, precisión y nervios, le otorgó triste celebridad a una chica que solo pretendía divertirse. La joven erró, mientras el reloj jugaba en su contra, una suma elemental. Atrapada, en el proceso de justificar el accidente numérico, solo consiguió enredar su imagen, hacer más evidente su yerro y provocar una cadena de acontecimientos que tuvieron su mejor cultivo en las redes sociales. Incluyendo los grupos de Whatsapp que suelen ser utilizados para otro tipo de dinámicas.

El programa goza indiscutiblemente de rating. Esta cifra estadística mide aspectos como la cuota de pantalla o el porcentaje de audiencia. Un estudio muy especializado puede indicar la edad del televidente, su formación académica, estrato social, etcétera. Otras estadísticas funcionan para crear un perfil cultural del telespectador y que facilita visualizar para quién está destinada la publicidad que sostiene un show de esas dimensiones. Entre más audiencia más ingresos.

Después de leer las enconadas críticas me pregunto ¿A quién le corresponde velar por la educación de los niños y adolescentes que ven el programa? La respuesta es muy sencilla: es a los padres. Son ellos los responsables por la formación integral de sus hijos y si no pueden ejercer esa obligación no le deben endilgar a un programa de entretenimiento las acciones que les pertenece a ellos.

Desde el malogrado momento se ha visto y escuchado de todo. Los ingeniosos memes, reflejo de la chispa popular, no tardaron en aparecer y con ellos los mensajes en Facebook y Twitter. Diversión sana hasta cierto punto porque, en algunos casos, traspasó los límites de la creatividad para caer en los terrenos del ciberbullying. Incluso algunas empresas aprovecharon el evento para hacerse una publicidad de sana apariencia. Con las horas las burlas subieron de tono hasta salirse de control transformándose en un ataque inmisericorde tanto a la chica como al programa. Respuesta que denota perfiles socioculturales particulares y que son repercusiones de una formación equivalente a lo que pretenden criticar.

Algo que sí es cierto. A la televisión le hacen falta más programas educativos. Casi todos los que abordan el arte poseen un formato muerto y aburrido. Aunque estos no tengan demanda hay que trabajar en hacer brecha. Quien quita y se logran cambiar tendencias.

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