Home > Columnas > Permiso para aprender

“Mirá” me escribió mi prima emocionada por el chat, mientras en mi celular aparecía la imagen de una bella pintura. “¡Es mi primer cuadro al óleo!”. Y aunque solo me escribía, casi podía escucharla. “Todavía faltan algunos detalles, pero estoy contenta!” ¿Cómo no iba a estarlo? La pintura era una belleza… eran sus propias manos, pintadas, reflejadas bajo su mirada, entre colores y luces de óleo. “¡No puedo creer que hice eso! ¡No porque esté perfecto, si no porque nunca lo imaginé!”  Casi instintivamente, mi respuesta fue: “¡Lo tenías dentro de ti, desde siempre!” “¿Quién iba a decirlo?”, me respondió. – “¿Imagínate cuántas cosas más tenemos aún sin descubrir?”, le dije yo. “¡Qué emocionante!” me contestó… y aunque no la veía, pude sentir la luz de su mirada iluminada.

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Cualquiera que conoce a mi prima Íngrid María, sabe los múltiples talentos que tiene. Por ello, para mí era fácil concebir que ella podía pintar ese cuadro y muchos más. Pero su emoción ante su creación y su talento, recién descubierto, me conmovió. Creo firmemente, que para muchas de las cosas que anhelamos aprender, o que queremos intentar, ya tenemos las habilidades necesarias dentro de nosotros mismos… lo que sucede es que a veces no nos damos permiso de aprender, o mejor dicho, no nos damos permiso para probar nuevas experiencias que hagan aflorar esas habilidades que tenemos ya en nosotros.

Uno de los conocimientos que más me ha enriquecido en los últimos años, ha sido comprender que a esta vida venimos a aprender, a crecer, a expandirnos… pero que ese aprendizaje y crecimiento no solo se da en las primeras etapas de la vida, ¡para nada! Esa frase que comúnmente decimos: “Todos los días se aprende algo nuevo” es cierta, lo que sucede es que a veces esos aprendizajes no son tan obvios  o no los asimilamos conscientemente. Pero de que la vida nos da la oportunidad para aprender algo nuevo cada día, sin duda alguna nos la da. Mi pregunta ante esto es: ¿Aprovechamos al máximo esa oportunidad?

En lo personal, descubrí, que en algún momento llegué a pensar que “aprender” no era para adultos, que para la edad que tengo, ya tuve que haber aprendido bastante… y aunque espero conocer ya muchas cosas, sé que es ahora, cuando mejor podré aprender y desaprender. ¿Alguna vez has pensado: “me gustaría pintar… pero a esta edad que tengo, qué podría hacer…”? O tal vez decimos: “Me encantaría aprender a bailar, pero qué pena que a esta edad los demás vean que me equivoco, que no soy tan sincronizada…”  ¿Alguna vez te has negado el permiso de aprender?

Hay talentos dentro de ti, que están esperando el momento perfecto para aflorar y sorprenderte, para manifestarse y llenarte de emoción. ¿Qué esperas para darle a ese talento la oportunidad de brillar? Mientras hay aliento de vida, hay oportunidad de aprender. No te niegues ese bello descubrimiento, solo por el miedo a equivocarte o el temor al qué dirán. Como dice el refrán: “Nadie nace sabiendo” y yo le agregaría, que morimos un poco cada vez que nos negamos el placer de aprender. Dale a tus instintos libertad, atrévete a crecer, date permiso para aprender.

A veces no nos damos permiso de aprender, o mejor dicho, no nos damos permiso para probar nuevas experiencias

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