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La extrema derecha amenaza a las democracias europeas

El miércoles 18 de mayo, Sylvie Kauffmann dedicó su columna a las elecciones presidenciales en Austria, que tuvieron lugar el domingo 22 de mayo.

En esas elecciones habrían de enfrentarse, en segunda vuelta, el candidato de la extrema derecha Norbert Hofer, del Partido de la Libertad, y Alexander van der Bellen, del Partido Verde.

Los partidos tradicionales, el centro izquierdista Partido Social Demócrata y el centro derechista Partido del Pueblo, que condujeron exitosamente a Austria después de la Segunda Guerra Mundial, fueron eliminados en la ronda anterior.

En la segunda vuelta de las elecciones austriacas, señalaba Kauffmann, Europa enfrentaba, por vez primera desde la derrota del nazismo, la posibilidad de que un país de ese continente eligiera, democráticamente, un jefe de Estado postulado por un partido de la extrema derecha fundado por nazis.

En la segunda vuelta se repitió un desempeño muy fuerte de Norbert Hofer, quien, según las cifras analizadas por Zack Beauchamp, obtuvo el 49.7% de los votos contra el 50.3% de Alexander van der Bellen.

Gideon Rachman recordaba el impacto y la incredulidad que generó en Europa el hecho de que en 2002, Jean-Marie Le Pen, el extremista de derecha francés, lograra filtrarse a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

Aunque Le Pen fue abrumadoramente derrotado por Jacques Chirac, señalaba Rachman, su incursión en la etapa final de las elecciones presidenciales de Francia marcó un punto de inflexión en la política europea.

Los temas que constituyeron la plataforma de Le Pen, señalaba Rachman, fueron el nacionalismo, el odio a los migrantes, la denuncia de los antipatria, el miedo a los musulmanes, el rechazo de la Unión Europea y el proteccionismo.

Estos temas, indicaba Rachman, han ganado fuerza y son parte del arsenal de la extrema derecha europea.

Sylvie Kaufmann imagina la siguiente secuencia de eventos que conducirían a escenarios realmente orwellianos: el 23 de junio los británicos se decidirían por el Brexit, de manera que la Gran Bretaña abandona la Unión Europea, lo cual, según Kauffmann, sería fatal para el proyecto europeo.

El siguiente evento, sería el triunfo de Marine Le Pen en las elecciones presidenciales de Francia del año entrante.

Un corredor de extrema derecha existe ya del mar Adriático al mar Báltico, desde Croacia, con claros tintes fascistas, señala Kauffmann, hasta Polonia, con un gobierno nacionalista autoritario.

En el norte europeo, siempre según Kauffmann, Noruega y Finlandia ya tienen a las fuerzas de extrema derecha en las coaliciones de gobierno. En Dinamarca y Holanda ya son fuerzas políticas influyentes. Y en Alemania, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania ha logrado avances
electorales.

El orden democrático occidental está en peligro, señala Kauffmann. Las tendencias en Europa apuntan a los males que aquejaron a la vieja Europa, aquella que, envuelta en la vorágine de los nacionalismos, desembocó en la inmensa catástrofe de la Primera Guerra Mundial, preludio de la Segunda
Guerra Mundial.

O sea, entre la horrenda batalla del Somme y el Holocausto, como señala
George Will.

Tanto Kauffmann como Rachman, señalan la importancia de Estados Unidos para preservar un orden democrático europeo.

Sin embargo, ambos observan con preocupación que la fuerza de Trump indica una postura aislacionista de Estados Unidos. En esas circunstancias, el colapso de las democracias occidentales puede ocurrir.

La fuerza de Trump indica una postura aislacionista de Estados Unidos. En esas circunstancias, el colapso de las democracias occidentales puede ocurrir

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