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Guatemala no se va a dividir

Las reformas constitucionales promovidas por el Ministerio Público y la Cicig, centradas en el sector justicia, están produciendo reacciones.La organización de comerciantes por ejemplo, recientemente expresó su radical oposición al reconocimiento de las normas, procedimientos y prácticas de justicia de las comunidades de los pueblos indígenas. Se trata de un adelantado rechazo a la eventual incorporación de reconocimiento político al pluralismo jurídico en la Constitución.

El mensaje del presidente de esa organización patronal es que, al reconocer la existencia de otras formas de hacer justicia en el país, Guatemala se puede dividir. Sin embargo, nada dijo con relación a que esas instituciones mayas son ancestrales, que siguen funcionando desde hace siglos y que lejos de constituirse en una amenaza, pueden convertirse en fuente que contribuya a darle un vuelco a la descomposición del sistema de justicia elitista que, a lo largo de su historia, ha producido impunidad y ha legalizado las más graves injusticias.

El sistema de justicia oficial ha fracasado. La reforma constitucional que ahora se propone pretende darle un respiro, a ver si con la apertura de nuevas ventanas mejora; no representa un giro brusco sino un pequeño paso. La discusión no es nueva. Los Acuerdos de Paz insistieron en recuperar el sistema de valores indígenas que contiene una lógica más humana y comunitaria, asentada en el bien y manifestada en prácticas compartidas que definen a las comunidades mayas, que las constituyen y brindan fortaleza. Esto es parte de una identidad influida por la memoria del pasado, por lo étnico nacional, y dota de sentido las distintas valoraciones morales en dichas comunidades. Obviamente, los otros pueblos tenemos mucho que aprender de los mayas.

Los argumentos del presidente de la organización patronal de comerciantes carecen de consistencia, pero siembran miedos que se propagan con facilidad. En los vecindarios y las calles las personas hacen esfuerzos por interpretar la realidad del país, por explicarla y por definir marcos de acción guiados por el sentido común. De esa cuenta, los grupos interesados en que las cosas no cambien manipulan los miedos sembrados desde hace tiempo para que se vayan creando ideas falsas de la realidad y las personas terminen respaldándolas (aunque vayan en contra de ellas mismas), pues vale más lo viejo conocido y sabe uno a qué atenerse. Eso da certeza o al menos, aleja la incertidumbre. Así se definió el rumbo de las reformas constitucionales en 1999, haciendo creer que los pueblos indígenas llegarían a ocupar las calles y las casas de las áreas urbanas, las propiedades pequeñas y grandes, e impondrían un orden maya de hace siglos.Ridículo.

Las reformas constitucionales propuestas son aún insuficientes al centrarse en el sistema de justicia sin introducir otros cambios en el régimen político y los impuestos, por ejemplo. Pero como sea, con esas u otras reformas, Guatemala no se va a dividir.

El sistema de justicia oficial ha fracasado. La reforma constitucional que ahora se propone,  pretende darle un respiro.

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