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Quienes quieren levantarnos la moral y se empeñan en darnos ánimo nos repiten una y otra vez que “la esperanza es lo último que se pierde”; sin embargo, hay ocasiones en la vida en las que toda esperanza nos es esquiva, parece lejana o hasta inexistente. Digo esto, no porque esté atravesando momentos difíciles, lo hago como catarsis, como recordatorio para mi mente y mi alma, lo repito para tenerlo presente cada día y a toda hora, para cuando flaqueen las fuerzas o cuando se trate de abalanzar sobre mí la noche oscura y sombría.

La esperanza no viene en paquetes o frascos ni empacada al vacío; no se puede comprar, no es posible cederla, regalarla y mucho menos heredarla; nunca podrás encontrarla en bazares ni en tiendas, no podrás pagarla con tarjeta de crédito ni comprarla en línea, así que solo queda esforzarse porque la chispa de la esperanza nunca muera; y lo cierto es que todo depende de ti y de nadie más; tú debes avivar esa chispa, soplando, inyectándole vida, proporcionando el combustible para que arda siempre, haciendo hasta lo imposible porque sea eterna.

Sé que a veces es difícil, es cansado andar y andar, quedar sin aliento tras cada intento, pero es mejor probar que quedarse con las ganas, al menos yo prefiero caer una y mil veces más a vivir con añoranzas y nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue. Por fuertes que sean los vientos, por arduo que sea el trayecto, por incierto que sea el futuro quiero y pretendo pintar de color esperanza cada uno de los días que me queden de vida, a sabiendas de que la esperanza es el motor de mis años, es el catalizador que me ayuda a hacer mis sueños realidad, es mi soporte y mi salvavidas cuando navego por aguas turbulentas y es el aire bajo mis alas que me permite viajar sereno y ligero.

No lo pienses más, experiméntalo, vívelo, descúbrelo, sazona tu vida con mucha esperanza y verás cómo tu alma vuela, notarás cómo la tristeza se diluye en una sinfonía de risas y alegría, sentirás cómo el aire y todo a tu alrededor cambia, sabrás que has dejado atrás miedos y temores y podrás por fin comprender que siempre has tenido y siempre tendrás un futuro y una esperanza si los cultivas y los compartes con el corazón.

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