Home > Columnas > El humano lobo del humano, como sistema

El humano lobo del humano, como sistema

Una de las características distintivas del capitalismo es la existencia de personas libres, disociadas de los medios de producción. Es una condición indispensable para que se establezca la relación entre el poseedor de la mercancía fuerza de trabajo y el propietario del capital, quien adquiere la primera para incrementar el segundo, según la fórmula clásica: D-M-D+.

Sirva esta básica síntesis de uno de los aportes de Marx a la Economía política, para iluminar algo también fundamental en la comprensión de las sociedades humanas a lo largo de la historia: de qué modo se crea la riqueza, quiénes crean esa riqueza social, cómo y quiénes se benefician de los nuevos valores creados, cómo se distribuye y/o se acumula el llamado plusproducto social, etcétera.

Grandes territorios de la historia se iluminan cuando se tiene en cuenta esa propuesta metodológica que, obviamente, no agota el siempre inacabado esfuerzo por explicar formaciones sociales concretas.

Tal el caso de la guatemalteca, donde legalmente se abolió la esclavitud el 11 de marzo de 1824 por una Asamblea Constituyente, impactada por la vehemencia de José Simeón Cañas: “vengo –dijo el salvadoreño diputado por Chiquimula–, arrastrándome y si estuviera agonizando, agonizando vendría para hacer una proposición benéfica a la humanidad desvalida… …pido, ante todas las cosas y en la sesión del día, se declaren ciudadanos libres nuestros hermanos esclavos”.

Fue abolida la esclavitud, pero no el trabajo forzado, que subsistió y aun se agudizó en ciertos períodos de nuestra historia republicana. Es sabido que el Decreto 7 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, del 31 de octubre de 1944, marcó el inicio de la abolición legal de aquellos remanentes precapitalistas de explotación, labor culminada con la Constitución de marzo de 1945 y la supresión de las leyes de vagancia, en mayo de ese mismo año.

Pero más allá de la letra muerta de la legislación, el trabajo forzado subsiste en Guatemala. El que escribe, por ejemplo, fue informado sobre una investigación en curso en la cual se está documentando la existencia de “tiendas de raya”, por medio de las cuales se recrean modalidades semi serviles de explotación laboral en plantaciones agrícolas, ni más ni menos que en los siglos XIX y XX.

Sin embargo, la forma más descarnada del trabajo forzado se realiza por medio de las diversas modalidades de la trata de personas, la llamada “esclavitud del siglo XXI”.

El Informe de Situación 2015, presentado ayer por la Defensoría de las Personas Víctimas de Trata, de la PDH, estima que en Guatemala podría haber unas 20 mil víctimas ocultas de estas formas criminales de explotación de los seres humanos. Describe cómo la trata de personas encuentra un “nicho” en los procesos migratorios: una manifestación más del Estado cuasi fallido guatemalteco.

Pero es la manifestación superficial de algo más profundo: un sistema que, según testimonió Francisco de Asís en el conocido poema de Rubén Darío, hace al hombre lobo del hombre.

.
.

Leave a Reply