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Tres elementos contra el salvajismo

Uno de los titulares de Siglo.21, la semana pasada, fue una llamada de atención elocuente y puntual: “En 2016, 261 busazos”.

El salvajismo con el que manejan muchísimos pilotos del transporte extraurbano ya es tan enorme como la cantidad de sus víctimas. Usted puede manejar en las carreteras de manera civilizada, pero no tiene ninguna garantía de no ser embestido por un alocado bus extraurbano. Y si usted es usuario sabe que su vida, su integridad y su dignidad no son motivo de respeto o cuidado por esos pilotos que, por la necesidad de responder al dueño del transporte, o por su propio irrespeto a los demás, convierten cada bus en una auténtica caja metálica de sufrimiento y destrucción.

Contra ese salvajismo, del que Siglo.21 reporta 75 muertos y 555 lesionados en lo que va del año, es necesario conjugar tres factores o elementos: la coerción, la tecnología y la educación.

La coerción se manifiesta en la aplicación puntual y permanente, de toda la legislación existente. El problema es que los pilotos no sienten el peso de la ley hasta que ya cometieron las fechorías viales, pero previamente ni ven presencia policíaca que los amedrente, ni sienten que a las autoridades les importe su exceso de velocidad o de personas en su interior. Entonces, es necesario que caiga la ley con toda su fuerza para amedrentar, prevenir y castigar. Pero, insisto, de manera permanente, en todas partes, con toda la fuerza. ¿Cuántos inspectores de tránsito, qué acciones tienen que realizar las policías, qué artículos del reglamento de tránsito son los básicos para enfrentar este salvajismo, y otras preguntas, son fundamentales en momentos en los cuales no hay que abandonar la atención de esta problemática. ¿O van a esperar otro busazo para realizar acciones significativas?

El segundo factor tiene que ver con la tecnología. Se ha mencionado que en el Congreso existe una iniciativa para incorporar una tecnología que impida que los buses circulen más allá de determinada velocidad. Ya se escucharon los gritos en contra. En otros países, el dispositivo está colocado en los buses y evita las altas velocidades. Este “gobernador” (como le llaman al aparato) debería ser colocado en todos los buses extraurbanos y su costo siempre será secundario comparado con las vidas que puede salvaguardar. Así que esperamos que avance en el Congreso esta normativa.

El tercer elemento es el relativo a la creación de actitudes, comportamientos y valores de respeto y cuidado de la vida, la integridad y los bienes ajenos. Se refiere también a la necesidad de un trato digno y decoroso a las personas que utilizan sus servicios, y que ponen su vida en las manos de esos pilotos.

Un piloto con la profunda conciencia de que su irresponsabilidad va a afectar a muchas vidas ajenas, o que tiene claro que más que cumplir con las cuotas y los horarios que le exigen los dueños, tiene que cuidar la integridad de sus pasajeros, un piloto así no tendría necesidad ni de las leyes ni de la tecnología para hacer bien su trabajo. Pero como no es el caso, por lo menos en la mayoría de pilotos o en lo que es muy visible de manera concreta, es necesario enfatizar en la conjunción de estos tres elementos: ley firme, tecnología que impida altas velocidades y educación integral de los pilotos.

Por supuesto que todo esto tiene una base económica: más recursos para más controles en las carreteras, para la tecnología, para los procesos educativos. Pero, ¿la vida de tanta gente no lo vale

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