Home > Columnas > ¡Odiémonos entonces!

Imagine usted que ocurre un milagro, y mi querella en contra de los terroristas sindicados por su responsabilidad en mi secuestro en 1982, prospera. Imagine que son procesados siguiendo un procedimiento exacto al que se ha seguido en contra de nuestros soldados, sometiéndolos a un juicio político y no jurídico, con todo y la presencia del embajador de los Estados Unidos en las audiencias, pidiendo la cabeza de los sindicados, y estos son sentenciados a un par de décadas en la cárcel.  Ellos no solo son ya mis enemigos; esa enemistad mutua se potencializaría; sus hijos serían enemigos de mis hijos y sus nietos verían en los míos a aquellos cuyo abuelo hizo que el suyo se pudriese en la cárcel. ¿Acaso eso, convertido en cientos de sentencias contra uno y otro bando, nos ayudaría a alcanzar la paz? Por supuesto que no.  No es cierto el concepto de la paz a través de la justicia, que solo impulsan quienes ganan dinero a base de esa mentira.                                          Hoy, la extrema izquierda domina la administración de la justicia penal, dictada por EE.UU. ¿Que exagero, dice usted? Si no me cree, dele una hojeada a las Acciones Estratégicas del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, que impone como condición para la ayuda que se brindaría a nuestro país “Investigar y enjuiciar en el sistema de justicia civil a los miembros de las fuerzas militares y policiales que creíblemente supuestamente hayan violado los derechos humanos y asegurarse de que los militares y la policía están cooperando en dichos casos”. Vaya usted a saber qué carajos significa el colocho gramatical “creíblemente supuestamente”, pero el Departamento de Estado inclina la balanza, hoy, hacia un solo lado. Y no hablo solo de los militares, sino de la presión que existe contra el debilitado sector económico. Y lo hace en una precipitada carrera contra un cronómetro que detendrá su marcha en noviembre, mes de elecciones presidenciales en EE.UU. que, por lo visto, serán adversas al partido Demócrata.  Lo anterior hace pensar que no importan nada los más de 5 mil muertos entre  el Ejército durante el enfrentamiento armado interno. Tanto es así, que a su vuelta de Panamá, los oficiales retirados que acudieron a la “refundación del Estado” de Jorge Serrano, regresaron perteneciendo a una organización cuyas siglas son FAR, mismas de la de un grupo terrorista contra el que ellos lucharon. Es enorme la cantidad de oficiales retirados y en servicio activo que me han manifestado su malestar, no solo por esa relación con Serrano, sino debido a que ese grupo regresó bajo la batuta de César Montes, un farsante sin credibilidad alguna, que gusta contar historias de vaqueros que jamás vivió, y cuyas ejecutorias revolucionarias se limitaron a asesinar policías para robarles viejos revólveres.

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