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“Los aguaceros de mayo tuvieron la culpa…”

En la riquísima herencia musical latinoamericana del siglo XX, el nombre del compositor popular mexicano Chava Flores tiene un lugar especial, tanto por la sonoridad de las melodías como por la originalidad de sus letras.

Una de ellas, convertida en un clásico que aún puede encontrarse en la discografía heredada de nuestras abuelas y abuelos, interpretada por el dueto Los Bribones, es muy apropiada para la ya instalada estación lluviosa… y para reflexionar sobre asuntos de la mayor gravedad para la vida nacional.

“Los aguaceros de mayo / tuvieron la culpa / de mi cruel dolor” podría quejarse la red vial de Guatemala, si con un poco de imaginación le concediésemos la posibilidad de rescatar el verso final de aquella canción de Chava Flores.

Pero si el efecto pernicioso de las lluvias para los 16 mil 456 kilómetros de carreteras y caminos que forman la red vial de Guatemala es un dato indiscutible, no deja de ser injusto cargar la tintas a los aguaceros de mayo y de los meses subsiguientes, para explicar el desolador panorama admitido ayer por Aldo García, ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda.

Si algo retrata ese panorama no es solamente la omnipresente imprevisión gubernamental, sino sobre todo la profundidad de la crisis institucional en que se encuentra el país y en particular esa cartera.

Crisis que va más allá del manejo clientelar y opaco que durante tres años y medio, o un poco más, tuvo el Micivi en el gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, bajo la administración del frustrado delfín patriota, Alejandro Sinibaldi.

¿Cuál es la cuota de responsabilidad que corresponde a esa administración en el hecho de que cerca del 50% de los recursos destinados al mantenimiento vial tengan que dirigirse al pago de la llamada deuda de arrastre? ¿A dónde fueron los millones de quetzales presupuestados en su momento para pagar a los contratistas que ahora reclaman esos pagos “atrasados”?

Aparte de que las actuales autoridades del Micivi siguen teniendo una deuda de credibilidad, pues hasta ahora no se ha sacado un solo esqueleto de la administración Pérez-Baldetti-Sinibaldi, tiene ante sí el desastroso escenario una red carretera que hacia finales de diciembre pasado ya acusaba un deterioro superior al 40 por ciento.

Todos sabemos que pretender iniciar el mantenimiento cuando ya está en pleno desarrollo la temporada lluviosa, no solamente sería tirar el dinero por las alcantarillas, sino de alto riesgo para los trabajadores camineros y aún para los usuarios de las carreteras. Tampoco queda bien parado el anuncio que en su momento hizo el presidente Jimmy Morales, respecto del uso del Batallón de Ingenieros del Ejército para estas tareas.

En realidad es poco lo que puede hacerse. Y, por lo dicho, sería injusto echarle la culpa a los aguaceros de mayo…

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