Home > Columnas > Pobre país rico

Esa es la gran contradicción del país. Los europeos que hemos conocido se sorprenden del por qué somos un país con tanta pobreza, siendo un país tan rico. La corrupción y la baja autoestima, principalmente de las personas que han hecho gobierno, son responsables de que toda nuestra riqueza se entregue a cambio de migajas. Sigue pasando lo de los españoles que vinieron hace 500 años. Dejan espejitos y se llevan el oro. Nada ha cambiado.

Cómo no va a ser pobre el país, si la empresa Marnhos recibió en 14 años más de 905 millones de quetzales en utilidades y el Estado apenas nueve millones por las regalías del tramo Palín-Escuintla, gracias a que el contrato de concesión establece un miserable 1 por ciento de regalías para el país. Lo más contradictorio es que el tramo se construyó con dinero de los contribuyentes, que pagan, además del peaje, el capital e intereses por los 50 millones de dólares en préstamo que hizo el Gobierno con el Banco Centroamericano de Integración Económica, para construir esa autopista de 16 kilómetros.

Lo normal es que la empresa gane un proyecto, lo diseñe, construya y opere, recupere su inversión y obtenga utilidades. A la empresa mexicana no le costó un solo centavo. Espejitos por oro. Otra vez.

Así va el país. La TCQ se convierte en otra forma de obtener espejitos, en la forma típica de entregar los bienes y recursos del Estado: con corrupción. Los puertos son una extensión de las aduanas. Por lo tanto, deberían ser operados en forma directa por el Ministerio de Finanzas. Este ministerio debería dejar de ser una ventanilla de trámites para convertirse en la promotora de una política financiera que incluya la recaudación de los impuestos a través de la SAT. No más directorios ni interventores ni juntas directivas, sino gerentes o directores, en una línea vertical de mando y supervisión. Las administraciones de los puertos operan con una gran discrecionalidad en su manejo financiero, decidiendo privatizaciones en cuanto proceso se da: cobros, transporte, grúas, dragados, seguridad, almacenaje, etcétera.

Ese contrato con la TCQ, por cierto con accionistas guatemaltecos tras bambalinas, es otra forma de escamotear al país. Al parecer la empresa pretende pagar al Estado un millón de dólares al año y 4 dólares por contenedor, cuando en el mercado se cobran entre 300 y 350 dólares. Más espejitos por nuestro oro.

¿Por qué el Estado no maneja los puertos, como las aduanas?

El contrato entre Ferrovías y Cobigua: otro acto ilegal, rodeado de corrupción. La minería es la misma historia: el petróleo, el níquel, la plata, el oro, todo con el 1 por ciento de regalías. Con esas políticas al Estado no le va quedando nada. Solo ganancias miserables. Hoy, hasta los ríos están siendo secuestrados por intereses privados.

Es necesario retomar el sentido de país, recuperando bienes, recursos y servicios estratégicos para el desarrollo. Hagamos del Estado lo que debe ser: el representante de los intereses y aspiraciones de todo el conglomerado social.

Con esas políticas, al Estado no le  va quedando nada. Solo ganancias miserables.

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