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La caja de Pandora convertida en berenjenal

En varios editoriales dedicados al caso de la Terminal de Contenedores Quetzal (TCQ), dijimos que este asunto es una caja de Pandora tropical, de la cual saldrían numerosos esperpentos. Ayer hicimos un breve recuento de cuántas cabezas de altos funcionarios del Estado han rodado por su causa y hoy no podemos evitar aplicarle una descripción tan castiza como certera: se ha convertido en un verdadero berenjenal.

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Quien haya tenido la experiencia de adentrarse sin la protección debida en una plantación de berenjenas, puede captar el sentido exacto y metafórico de la expresión: a medida que se avanza adentro del plantío, no solamente hay cada vez más rasguños, sino también se tiene un hondo sentimiento de confusión y enredo, una situación con salidas difusas e inciertas.

Después de varias semanas de vacilaciones, de tirarse el balón desde la Procuraduría General de la Nación a la Presidencia de la República, y viceversa, por fin ayer la dimitente PGN, María Eugenia Villagrán de Letona, anunció que “la próxima semana” se presentará formalmente la solicitud de nulidad del contrato entre la Empresa Portuaria Quetzal y TCQ.

Para que Villagrán de Letona hiciera ese anuncio, fue necesaria una citación parlamentaria y un atento recordatorio de las responsabilidades penales, en las cuales podría incurrir, en caso de no presentarse ayer mismo al Congreso de la República. Visto desde afuera, fue un anuncio hecho casi a empujones.

Aún así, la todavía titular de la PGN no tiene certeza de liberarse de ser denunciada por omisión, según la advertencia de la diputada Nineth Montenegro.

Y como quien le echa un poco más de salsa a los tacos, o nos empuja más adentro del berenjenal, ayer apareció por primera vez en público la personera de la multinacional holandesa APM Terminals, Susan Morston, cuya entrevista en privado con el presidente Jimmy Morales despertó tantas suspicacias.

A juzgar por las escuetas declaraciones de Morston, su visita a Guatemala tuvo propósitos exploratorios: aún no empieza formalmente el forcejeo entre la ahora propietaria de TCQ y el Estado guatemalteco, pero parece claro que la empresa transnacional no está dispuesta a pagar los platos rotos de los chanchullos realizados entre funcionarios guatemaltecos y empresarios españoles.

Pero si APM no está dispuesta a absorber los costos de encontrarse una manzana podrida en la canasta que se compró hace algunos meses en Barcelona, ¿por qué habría de pagarlos Guatemala?

Para infortunio nacional, Morston vino en el momento justo en que se hicieron más evidentes las incompetencias y los desórdenes del Estado guatemalteco, vio de cerca el berenjenal en que estamos metidos, razón por la cual regresará al Viejo Continente, muerta de la risa.

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