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Hace algún tiempo escuché la frase “saber cómo es cada quién, ayudará a comprender cómo se comporta cada uno”. Aunque seamos honestos, ¿no se le hace imposible conocer cómo es cada persona? Recordará que en el anterior espacio donde  tuve la oportunidad de hablar sobre el comportamiento humano, indiqué que este es en realidad impredecible y, por lo tanto, no es posible que tengamos la certeza de cómo reaccionará una persona ante determinada circunstancia. Sin embargo, estudios que han tomado muchísimos años han logrado determinar ciertos patrones de comportamiento que obedecen a una configuración que en esencia es determinante de una configuración cerebral.

Identificar nuestro estilo o lenguaje dominante es muy importante, pues eso contribuye en mejor manera al desarrollo de nuestro potencial. Muchas personas sufren de agotamiento en sus vidas, pues intentan “hablar” un comportamiento que no es del todo entendible para ellos, y las situaciones cotidianas a las que se exponen no hacen otra cosa sino desgastarlos. Como indicaba en la nota anterior, todos tenemos una combinación de los cuatro lenguajes con una preferencia natural hacia unos más que otros y, por lo mismo, poseemos la capacidad de adaptarnos a través de la flexibilidad que nos brinda la combinación que poseemos, aunque, repito, eso pueda provocar mayor esfuerzo y desgaste.

Al respecto de este tema han surgido desde hace muchos años diversas versiones y análisis que han permitido generar estos cuatro, que me gusta cómo le llaman algunos, lenguajes de comportamiento. De tal forma que, dentro de los que yo he tenido la oportunidad de tener acceso nos encontramos con el modelo de Hipócrates (colérico, sanguíneo, flemático, melancólico), Benziger (frontales y basales derechos e izquierdos, respectivamente), ADEP (autoritario, detallista, estable, persuasivo) y DISC (dominante, influyente, social, conciso). ¿Le parece si tomamos como base de conversación el modelo DISC? ¡Perfecto! Iniciemos.

Estilo dominante (D): Su fuerza y energía para hacer que las cosas sucedan puede convertirse en uno de los mayores activos que el estilo dominante presenta. Le gustan los desafíos, retos, y sobre todo esa sensación de autoridad y responsabilidad que, en muchos casos, proviene del cumplimiento de metas y de hacerse cargo de grupos. Por momentos pudiera parecer tan enfocado en los resultados que hace a un lado la importancia de las personas. Su comunicación es y espera que sea para con él, directa, al grano. Si usted quiere capturar su atención debe contarle el final de la película y, si este es interesante, es probable que le pida que le cuente “algo” de la historia. Su base de argumentación serán los resultados que se brinden y su espíritu competitivo le hará estar en constante desafío, tanto de sí mismo, como de los demás. Al evaluar un proyecto, una de sus preguntas favoritas será “¿Qué vamos a ganar de todo esto?”. Es visionario y un tanto alérgico a los detalles, por lo que debe tener cuidado de que su proyección hacia el futuro no le reste la visualización de su entorno presente.

La próxima semana me permitiré dar algunas características de los tres restantes lenguajes de comportamiento.

Identificar nuestro estilo o lenguaje dominante es muy importante, pues eso contribuye en mejor manera al desarrollo de nuestro potencial.

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