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La antirreforma política de FCN-Jimmy Morales

El presidente Morales, quien no debe olvidar que ganó el primer turno electoral con la más baja proporción de votos de la historia moderna del país, ha dicho muy jactancioso que no le gustan las recién aprobadas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), y que como quiere parecerse a los militares que autoritariamente gobernaron en las décadas pasadas, se dispone a vetarlas y convocar a una supuesta amplia discusión, dizque para satisfacer las exigencias de la “Plaza”, aunque esté muy claro que lo que pretende es imponer “sus” reformas, las que por sus prácticas políticas recientes no serían pro democracia, sino para hacer más excluyente y anticiudadano el sistema político guatemalteco.

La presuntuosa y bombástica negativa del excómico puede tener dos explicaciones: dedicado a los placeres de sus viajes o por ir a los mercados y escuelas no se ha interesado por leer la propuesta del TSE, las resoluciones de la CC y el Decreto 26-2016 que las contiene; o lo más peligroso, si las ha leído y junto a lo más atrasado de la política del país, confabula para que ni siquiera estas reformas, que apenas le ponen dientes de leche a la LEPP, estén dispuestos a aceptar.

Su crítica al Congreso y negativa a publicar lo que allí se ha aprobado solo puede embaucar a los más ingenuos o entusiasmar a los más antidemocráticos, pues ni durante la elaboración de la propuesta por parte del TSE, ni su discusión pública en 2015, ni mucho menos en el debate en el Congreso se le escuchó a él, a su partido y a los grupos de interés que representa (Avemilgua y asociados) pronunciar una sola propuesta progresista para reformar a fondo esa Ley. Todo lo contrario, fueron precisamente sus diputados, los de antes y los recién comprados, quienes férreamente se opusieron a que se aprobaran los artículos más avanzados.

Las reformas no abren de par en par las puertas de la democracia, simplemente porque en el país aún no hay mayores atisbos de una cultura democrática. Pero hay en ellas resquicios que dejan entrar mayor participación ciudadana y, sobre todo, candados a que los partidos políticos se conviertan en franquicias electorales de enriquecimiento personal. La reforma al artículo 13 de la LEPP, por ejemplo, pone control al acarreo de votantes; la adición del 15 bis da la posibilidad de participación ciudadana activa en la definición de la política pública; y la del 19 bis evita, en gran medida, que los secretarios generales de los partidos se queden con las sobras de campaña.

Las reformas al artículo 21 ponen control al manejo opaco de los fondos partidarios. Al reformarse el artículo 32, se impide que los secretarios generales sean los dueños de los partidos, impidiendo reelecciones sucesivas. Al adicionarse el artículo 205 Ter. que sanciona el transfuguismo, se limita la infidelidad partidaria.

Pero, sobre todo, al reformarse los artículos 220, 221 y 222 se ponen fuertes límites al manejo corruptor que los medios de comunicación hacen de supuestos “regalos y descuentos” en la propaganda electoral. Son estos artículos que pesan y duelen a quienes desde el manejo de la televisión abierta y cadenas radiofónicas asociadas compran y manipulan políticos, y son estas cosas las que no gustan a los antidemocráticos, a los que por décadas han medrado de los recursos públicos y bienes de la población, como son las frecuencias de radio y televisivas. De aprobarse las reformas todos los partidos tendrán acceso a propaganda radial y televisiva en igualdad de condiciones, pudiendo llegar con sus mensajes a lo más recóndito del país, allí donde los compravotos no quieren competencia.

Apoyarle en su negativa a aprobarla es, o mucha ingenuidad, o contubernio explícito con los autoritarios enemigos de la democracia. La reforma no es la transformación profunda del sistema político nacional, pero eso estaba más que cantado desde el día en que el TSE presentó su propuesta, cuando los ahora críticos la aplaudieron desaforadamente. Trabajar por ello no implica negar las ya aprobadas.

No se quiera alcanzar el cielo de un solo brinco o sin poner escalera. Los que le negaron a la “Plaza” liderazgos y acciones más contundentes son los que hoy, supuestamente amparados en ella, quieren mantener las cosas tal y como están, pensando ya en sus negocios electorales de 2019.

Las reformas no abren de par en par las puertas de la democracia, simplemente porque en el país aún no hay mayores atisbos de una cultura democrática.

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