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Las amenazas por la estación lluviosa

Técnicamente y de acuerdo con los pronósticos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), la temporada lluviosa en el área metropolitana de Guatemala debería iniciarse a partir de hoy.

Todos sabemos que, como efecto del fenómeno de El Niño, los mejores cálculos meteorológicos tienen alta posibilidad de errar. Solamente hasta que sintamos el primer chaparrón, podremos estar convencidos del inicio de lo que, impropiamente, las y los guatemaltecos llamamos “invierno”.

Pero más allá de que el Insivumeh acierte o no en su pronóstico, estamos a las puertas de esa estación lluviosa que, en cada nuevo año, viene cargada de crecientes amenazas para quienes viven en laderas de barrancos y cerros, sin obras de ingeniería que mitiguen los riesgos de deslaves y eviten las usuales tragedias en tales asentamientos humanos.

Por eso es oportuno el llamado de alerta que la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) ha hecho a los gobiernos municipales, principalmente del área metropolitana de Guatemala, donde se concentra el mayor número de colonias cuyas condiciones topográficas y débil infraestructura las coloca en peligro latente.

La actitud de los gobiernos municipales de la gran zona metropolitana de Guatemala, es decir no solamente la municipalidad capitalina, debe ser distinta durante esta próxima estación lluviosa. Debe tomarse nota de que en esto hay un antes y un después, marcado por la tragedia de la colonia El Cambray II, en el municipio de Santa Catarina Pinula.

Como todos sabemos, actualmente hay un proceso penal en contra del exalcalde de ese municipio, Antonio Coro, a quien se señala por haber, presuntamente, desatendido las alertas del Insivumeh en relación con la inhabitabilidad de esa colonia, siniestrada a finales de octubre pasado.

¿Se han sacado las lecciones debidas de la tragedia de El Cambray II? Tal es la pregunta que deben hacerse, tanto las autoridades de la Conred como las de los municipios en los cuales están identificadas las áreas habitadas con mayor riesgo.

La pregunta alcanza, también, a los propios habitantes de esas colonias, en las cuales deberían mantenerse evaluaciones constantes, para evitar las mortales sorpresas que acompañan a la temporada lluviosa.

Pero, sobre todo, debería llegar al gobierno central, en cuyo horizonte estratégico debería aparecer con alta prioridad el abordaje a fondo del problema del déficit habitacional. Este consiste no solamente en cerca de medio millón de familias necesitadas de vivienda, sino también incluye a casi un millón de edificaciones que carecen de características adecuadas para considerarse realmente habitables.

En otras palabras, es tiempo de prevenir el posible desastre inmediato, pero también de afrontar sus profundas causas estructurales.

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