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Justicia política o justicia

E n repetidas ocasiones he criticado la influencia negativa que algunos medios de comunicación ejercen contra el principio de presunción de inocencia, afectando el debido proceso  y las consecuencias nefastas que para el sistema significa el hecho de los jueces se dejen coaccionar por esas vías. Ya lo dijo Ángel Ossorio: “Para muchos hombres excelsos es más fácil, no ya matar a sus secretarios, sino dejarse matar a sí mismos, que afrontar una levísima campaña en papel impreso.  Sería curioso estudiar el influjo de la imprenta en el desmedro de la virilidad.”  (Los hombres de toga en el proceso de don Rodrigo Calderón, en Esbozos Históricos, Madrid, 1930).

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Sirve lo dicho como prólogo para esta breve reseña de una reciente exposición que hizo en Buenos Aires el presidente de la Corte Suprema de la República Argentina, Ricardo Lorenzetti, cuyos conceptos bien se aplican a la realidad que se vive en nuestro país, particularmente si es referida al tema de la corrupción.  Señaló entre otras cosas que: “Los jueces no pueden depender del contexto político” y que para llevar a cabo sus funciones y cumplir su ministerio deben actuar con “valores y convicción”. Hizo notar también que “para que la corrupción sea perseguida con efectividad, tiene que haber una política de Estado”. (La Nación, 07.05.16).

Interesante, por el ambiente parecido que actualmente se vive en nuestro foro, es apuntar que, al referirse a las causas por corrupción en las que están implicados varios funcionarios del gobierno kirchnerista, incluida la expresidenta Cristina Fernández,  dijo que “no se puede hablar de revanchismos”; distinguió entre “cuestiones de condena política o condena social” y aclaró que “las condenas judiciales tienen que ser serias, respetar el debido proceso, tienen que tener pruebas”.  También hizo notar que “la percepción que tiene mucha gente es que la Justicia comenzó a actuar ahora”, pero argumentó que “los datos y el análisis no son tan así”. Advirtió que los jueces debe actuar siempre igual, sin depender del contexto político y formuló una advertencia que estimo muy aplicable y justificada para nuestra sociedad-: “Hay que ser cuidadosos cuando hablamos de ‘pongan preso a uno, pongan preso al otro’. Una cosa es la condena social que es legítima y otra cosa es la condena política que también es legítima. Los procesos judiciales no pueden guiarse solamente por eso”, explicó y remarcó: “Lo importante es que tiene que haber una voluntad muy clara del Poder Judicial de investigar estos casos”.

Expuso también –y estoy muy de acuerdo con ello– la necesidad de “plantear como política de Estado la idea de que esos procesos que se inician tienen que terminar”; que “tiene que haber más cantidad de jueces” y que “hay que facilitar el procedimiento para que sea más rápido”.  Expuso también que se requiere un cambio en la Justicia y que “hay que hacerlo porque la credibilidad en las instituciones se juega en los casos de corrupción” ya que “Si nuestros ciudadanos ven que da lo mismo portarse bien que portarse mal, que robar, que apropiarse de los fondos públicos, todo eso genera un descrédito”.

“las condenas judiciales tienen que ser serias, respetar el debido proceso, tienen que tener pruebas”.

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