Home > Columnas > Orgullo que mata

Las relaciones en las empresas familiares son muy delicadas. Enfrentan la confusión de asuntos de negocios que se abordan con familiaridad y de asuntos de familia que se manejan como si fuesen de trabajo.

Hemos conocido relaciones dañadas durante años entre padres e hijos, entre esposos, entre hermanos, y que parece que nunca se pueden recuperar. Casi siempre son posturas de la falta de madurez de personas involucradas en conflictos que a veces ya ni se recuerda cómo empezaron, pero hay muchos candados que tienden a mantenerlas alejadas.

La falta de humildad de los involucrados les impide acercarse, pedirse perdón e iniciar el diálogo abierto para expresarse sentimientos y aclarar malentendidos o dirimir diferencias.

Tal vez uno comenzó la discusión, y el otro no fue capaz de detenerla. Nos decimos cosas que nos lastiman. Nadie acepta su error. Peleamos sin razón y nos damos la espalda.

Cuando trabajamos en la definición de la Querencia Familiar es frecuente que surjan rencores del pasado o que se reconozcan conductas de las que alguno se arrepiente. Son muchos esos candados que dificultan las relaciones en la familia empresaria, pero pocos tienen el poder devastador que tiene el orgullo.

Al final nos damos cuenta de lo que el orgullo es capaz de hacer: mata la felicidad, pero no cede. Nos quedamos callados y dejamos que todo se pierda.

El orgullo es una potente herramienta de autodefensa que manejamos cuando nos sentimos atacados o no queremos abrir nuestra posición. Pero no todos manejamos el orgullo de la misma manera, ni con la misma frecuencia, ni con el mismo poder. Algunos somos capaces de faltar al respeto o de herir al otro, aunque luego nos duela haberlo hecho. Otros solo guardan dolores desde la adolescencia o la infancia que no han podido digerir. Y en ocasiones el orgullo nos ciega tanto que no reconocemos el comportamiento que tuvimos.

Podemos usar el orgullo para defender nuestro amor propio: cuando sentimos que no se respeta nuestra forma de pensar, o cuando atacan nuestra posición o nos menosprecian. No siempre podemos afirmar que el orgullo es una conducta inadecuada. A veces sirve para hacernos respetar. Pero otras veces puede convertirse en agente destructor de buenas relaciones. En las empresas familiares el orgullo puede separar personas que se estiman o se aman.

Las personas excesivamente orgullosas pueden llegar a no percatarse del grado en que se dejan dominar por su orgullo, ni de cuánto dañan sus relaciones con sus más cercanos.

Al final, el orgullo no genera ningún resultado valioso. Es un dique de comunicación que restringe el corazón de quien abusa de él; es un enorme obstáculo entre las personas; genera distancia; marca una barrera entre socios, amigos y parejas que dejan de serlo. Las causas de muchos de estos conflictos tienen fácil solución, pero hace falta buena voluntad y apertura al diálogo para superarlas.

Los caminos para enfrentar el orgullo son sencillos y reconocidos por todos. La solución es tan fácil –basta quererlo– que puede parecer imposible de implementar. La reflexión y la meditación ayudan a darnos cuenta de nuestra actuación. También ayudan las retroalimentaciones de otros, el sentido del humor, la capacidad de perdonar o pedir perdón. Aceptar a los demás como son, y a uno mismo como es, puede ser la base para vencer el orgullo.

El orgullo no es algo complicado. El gran problema es no reconocer que somos orgullosos. La humildad es condición necesaria para vencer el orgullo. Como bien se ha dicho: contra soberbia, humildad.

Siempre que me encuentro con este problema en grupos familiares empiezo por preguntar a los involucrados si reconocen que el orgullo está afectando sus relaciones. Mucho depende de la importancia que les demos a nuestras buenas relaciones, que nos interese que perduren y sean productivas. Si queremos construir organizaciones sinérgicas, la armonía tiene que prevalecer en las relaciones entre los dirigentes. No permitamos que el orgullo destruya esa posibilidad.

Como dijo Gandhi: una persona que no puede estar en paz consigo misma, no puede estar en paz con los demás.

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