Home > Columnas > La mala simiente

Que quiere un Estado democrático, asegura Edelberto Torres Rivas, dirigente del comité central del Movimiento Semilla y miembro del PGT (Partido Comunista) y de las FAR; pasado terrorista que él y otros semilleros arrastran como una pesada piedra amarrada al pescuezo, que provoca una profunda desconfianza en todo aquel que cuenta con un par de dedos de frente, y que intuye la verdadera intención de ese grupo: implantar un régimen socialista en Guatemala. Enarbolan la bandera de la lucha contra la corrupción, como si no estuviésemos al tanto de lo sucios que han sido los gobiernos socialistas en Latinoamérica. Creen que con que la Cicig ignore los malos manejos de Q1,000 millones en resarcimientos, ese tema se nos va a pasar por alto. Qué equivocados están.

Ven en absurdas alteraciones a la Constitución un instrumento valioso para un cambio ilegítimo en nuestro sistema económico y social, con propuestas que rebasan el más descarado populismo; sirva como ejemplo el descomunal despropósito de la incorporación de las denominadas costumbres ancestrales indígenas en el ordenamiento jurídico; propuesta racista, que llegaría al colmo de legalizar la tortura, un constante método salvaje de impartir justicia en el occidente del país.

Otra muestra de lo que nos espera si los semilleros llegan al poder, es la reciente visita a Guatemala de Adán Chávez, hermano de Hugo Chávez, que fue agasajado por Daniel Pascual, –otro destacado miembro del comité central del Movimiento Semilla, a quien sus simpatizantes en la prensa consideran un “intelectual socialdemócrata”–, que calificó al fallecido gobernante venezolano como su comandante eterno”. Esos son los referentes para el Estado democrático con el que ellos sueñan para usted y para sus hijos. Miseria para todos.

Pero la responsabilidad de lo que viene no es solamente de los semilleros; lo es también de esa fracción de las élites sin liderazgo y sin dignidad, absolutamente anodinas y regidas por la corrección política que las llevó a dormir con el enemigo. Personas sin carácter, carentes de fe en sí mismos, que hasta hoy se dan cuenta que fueron utilizados por esa mala simiente, que por lo bajo los vio siempre como tontos útiles y que ahora los llama criminales, a la espera de lincharlos como lo hacen con nuestros soldados. Gente que dobla las corvas ante un embajador, sin detenerse a pensar que sus nietos se van a avergonzar de ellos, como lo harían sus padres y abuelos, si estuviesen vivos.

A quienes piensan como yo, nos señalan de buscar comunistas hasta bajo las piedras, pero es que es allí en donde se les encuentra, después que el pueblo se ha encargado de lapidarlos cada cuatro años en las elecciones generales.

ricardomendezruiz@gmail.com

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