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Byron Barrera Ortiz 

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byronbarrera@gmail.com

La desigualdad es un fenómeno global, que va ligada a la concentración de la riqueza en pocas manos. Un informe de Oxfam Intermón que se titula: “Tenerlo todo y querer más”, aporta datos reveladores. En esencia, dice que cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Alertaba el informe, el año pasado: “Si no se toman medidas para detener el vertiginoso incremento de la desigualdad, el 1 por ciento más rico tendrá en 2016 más del 50 por ciento de toda la riqueza del planeta, es decir, más que el 99 por ciento de la población”.

Es tal el crecimiento de la desigualdad que la riqueza que en 2010 se repartía entre 388 personas, en 2014 se concentraba en 80 individuos.

Agrega el informe que la élite rica se agrupa en torno a los sectores farmacéutico-sanitario, financiero y de seguros, le siguen la industria armamentista y las telecomunicaciones, donde más ha aumentado el número de milmillonarios. En España, el 1 por ciento más rico de la población concentra más riqueza que el 70 por ciento más pobre.

La brecha se profundiza porque estos grandes intereses invierten en financiar a los políticos, en cabildear a los gobiernos y en actividades tendientes a proteger y fortalecer un ambiente favorable. Por ejemplo, haciendo creer que habrá mayor crecimiento si se reducen los impuestos a los inversionistas.

Oxfam Intermón apela a un cambio de mentalidad y propone políticas de redistribución y una serie de medidas para que la población mejore su situación: Hacer que los gobiernos trabajen para los ciudadanos y hagan frente a la desigualdad extrema, combatiendo la corrupción cada vez más voraz; fomentar la igualdad económica y los derechos de las mujeres; pagar a los trabajadores un salario digno; elevar los impuestos directos a los que tengan rentas más elevadas, a efecto de distribuir la carga fiscal de forma justa y equitativa; lograr servicios públicos gratuitos universales para todas las personas; garantizar el acceso de todas las personas a medicamentos adecuados; establecer una base de protección social universal; destinar más recursos al desarrollo y a la reducción de la desigualdad y la pobreza y fortalecer el pacto entre la ciudadanía y los gobiernos.

Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, dice que la gente tiene razón de estar descontenta, porque vive una realidad marcada por una situación de injusticia. En su libro La Gran Brecha, refiere que una economía sana y una democracia más justa están a nuestro alcance, siempre y cuando dejemos a un lado los intereses erróneos y abandonemos lo antes posible unas políticas que ya han demostrado ser fallidas. La única manera, dice, de que un país se desarrolle es mejorando su nivel de conocimiento y propiciando un libre comercio, sí, pero un libre comercio justo y eficiente.

La realidad es que el ciudadano trabaja duro pero no ve mejoría en su salario ni en sus condiciones de vida, mientras unos pocos concentran cada vez más la riqueza, a través de diversas formas de corrupción, evadiendo impuestos y sin competencia real.

La desigualdad es un fenómeno global, que va ligada a la concentración de riqueza en pocas manos.

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