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En anterior entrega, nos referíamos a la coyuntura de los problemas del desarrollo económico de los países y su relación con la actual agenda geopolítica de Washington para el Triángulo Norte de Centroamérica. Corresponden ahora a esa agenda, medidas hacia una estrategia de acercamiento, vía el Departamento de Estado, en lo referente a los asuntos de la energía, esta vez ampliado a países del Caribe; particularmente, promover la participación de las energías renovables o “limpias” en esa región y a nivel regional de Centroamérica, la integración regional eléctrica. Para efectos de compromisos iniciales, fueron reunidos en la ciudad de Washington recientemente, mandatarios, asesores y empresarios del sector energía de los distintos países convocados.

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Tales medidas llaman a la reflexión y la memoria, pues hace no muchos años, la señora Clinton, entonces en el Departamento de Estado, promovió citas con los mismos grupos y en una tónica similar, hacia incentivar fuentes nuevas de energía en la región y mejorar la eficiencia energética.

Pues bien, en aquel entonces notamos que uno de los móviles de tales iniciativas era el de neutralizar y a la vez “abrir los ojos”, sobre todo a varios países caribeños y algunos otros como Nicaragua, frente a los halagos del plan “Petrocaribe” que promovía Hugo Chávez de Venezuela. Hoy mismo, resulta que “Petrocaribe” naufraga en las tormentosas aguas políticas de esa Venezuela bolivariana. Y parece apropiado salir con iniciativas washingtonianas. Y la consigna clave, resalta en aquello de incentivar la “independencia energética y el uso de fuentes renovables en el Caribe y Centroamérica”. Para empezar ¿Cómo? Pues por ahora cautamente, con lo que debe ser un donativo de $15 millones, ya aprobados por el Congreso estadounidense, pero sujeto a la autorización de los desembolsos por parte de los legisladores. Monto a distribuirse a razón de  $5 millones para “nuevas iniciativas de fortalecimiento y expansión del mercado eléctrico regional” en Centroamérica. Y $10 millones para financiar iniciativas de pequeños emprendedores de energías renovables en el Caribe.

Responde esto al “quién paga qué”, mas falta aclarar en concreto, al respecto del significado de la asignación de estos modestos montos para aquello de incentivar lo recalcado por el señor Biden, que constituye nada menos que la ambiciosa política de “incentivar la independencia energética” y una posible introducción de las fuentes renovables de energía con los caribeños. Y esto solo es uno de los nueve puntos postulados en el Plan de Prosperidad para los países del Triángulo Norte de Centroamérica. ¿Y qué hay de otra prioridad, la nueva inversión y creación de empleo?

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