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“Una novela es una novela…”

Hoy, día de la libertad de prensa, me interesa comentar las consecuencias que sobre “el nebuloso género llamado “nueva novela histórica” pueda tener la aplicación de la Ley de Emisión del Pensamiento, según la perspectiva de Mario Antonio Sandoval. (Las fronteras de la ficción novelística. P.L. 25.04.16). Y es que los delitos de injuria, calumnia y difamación -opino- no se aplican a la novela en cuanto creación artística constitucionalmente protegida. Diferente podrá ser el tratamiento de otros géneros literarios.
Por  ilustrativo cabe recordar aquí el pensamiento de un connotado novelista guatemalteco, recogido por Ricardo Estrada -y que resume a cabalidad lo que quiero decir a propósito de los personajes de las novelas-.  En uno de sus diálogos con Flavio Herrera, le dice el autor de Caos, La Tempestad, y otras tantas novelas: “—Si, hermano; mis personajes son reales… A unos los he conocido yo mismo, pertenecen a esta intimidad, en todo su color y relieve humanos…” Y le suma esta anécdota: “Se cuenta que, una vez, iba de paso por X hacia ‘Bulbuxyá’. Allí se detuvo.  En eso lo asalta el señor Y… “—Vos, cabrón, dicen que me sacaste en una tu novela…”. “—No jodás, hombre. Una novela es una novela. Es ficción…” (Flavio Herrera, su novela, Guatemala, 1960).
¡Aquí radica el punto fundamental!  -dicho sea con las palabras de Flavio Herrera-: “Una novela es una novela. Es ficción”; es creación, y como tal, pensamiento que puede ser emitido libremente por cualquier medio de difusión, sin censura ni licencia previa, protegido también por el artículo 13.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos dice que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión.  Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.” Y por si lo anterior fuese poco, el artículo constitucional 63 dispone que “El Estado garantiza la libre expresión creadora… y estimula al… artista nacional…”
No niego que exista la posibilidad de incurrir en responsabilidades al tenor de lo dispuesto por el artículo 32 de la Ley de Emisión del Pensamiento, habrá que tomar en cuenta que según su texto: “Faltan el respeto a la vida privada, los impresos que penetren en… la conducta social de las personas, tendientes a exhibirlas o menoscabar su reputación o dañarlas en sus relaciones sociales…” Ahora bien, ese dolo -es malévola intención- que tiene a exhibir o menoscabar la reputación de las personas o dañarlas en sus relaciones sociales obliga a distinguir entre: publicaciones calumniosas, es decir, aquellas “que imputan falsamente la comisión de un delito de los que dan lugar a procedimiento de oficio…” o bien “injuriosas” cuando ataquen la honra o la reputación de las personas o las que atraen sobre ellas menosprecio de la sociedad.” (Artículos 33 y 34).  También es importante recordar en este punto que la Ley de Emisión del Pensamiento no incluye dentro de sus disposiciones ni las publicaciones difamatorias ni el delito de difamación.

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Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística.

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