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“Las empresas también deben respetar los derechos humanos”

Tommy Ohlström, Camilla Wagner, Pia Carlsson Thörnqvist y Cristian Åhlund*

Especial para Siglo.21

La experiencia y el capital de las empresas guatemaltecas forman una base importante para la prosperidad, las exportaciones y la rentabilidad del país. Pero el desarrollo económico y el desarrollo humano están relacionados entre sí. El desarrollo económico sostenible surge del trabajo realizado por personas libres y respetadas. Por lo tanto, el respeto de los derechos humanos es un asunto que también concierne el sector privado.

Durante el año pasado fueron registrados 493 ataques contra defensores de derechos humanos en Guatemala. No es extraño que algunos de estos eventos involucren el accionar de empresas dedicadas a actividades mineras o construcción de represas, lo cual es algo extremadamente grave.

Las violaciones de derechos humanos afectan a personas y/o comunidades, pero también son un riesgo para los intereses económicos puesto que estas suponen, en algunos casos, el incumplimiento de normas internacionales de comercio exterior. Por otro lado, internamente, la capacidad adquisitiva se ve afectada por el creciente empobrecimiento de gran parte de la población guatemalteca en los últimos años.

LAS OBSERVACIONES

Después de haber reflexionado sobre nuestra visita a este país hace dos semanas, nos gustaría plantear a las empresas guatemaltecas, tres preocupaciones :

Primero, los principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos, adoptados por el sistema de Naciones Unidas en 2011, establecen las directrices internacionales sobre compromisos empresariales de derechos humanos.

Durante nuestras reuniones en Guatemala, fue evidente que no se considera necesario cumplir con ellos. Las empresas guatemaltecas hablan de la responsabilidad social y la sostenibilidad, pero muchas veces, de boca para afuera. Muchas empresas creen que pueden darse el lujo de sentarse entre el público como espectadores, sin participar en el juego.

Este enfoque obliga al derecho internacional a examinar las acciones individuales de los Estados. Tal desarrollo no puede depender del interés a largo plazo de las empresas privadas. Dicho de otra forma, Guatemala no puede aislarse del mundo exterior, pues ello supondría el suicidio económico de sus empresas.

Segundo, vivimos en un mundo digital donde ya nada es secreto. Ninguna empresa puede violar permanentemente los derechos humanos, sin que esto se descubra. Recalcamos lo ya mencionado, las violaciones a los derechos humanos no solamente tienen un precio humano, sino que también son una amenaza al crecimiento económico y el comercio exterior.

Las empresas guatemaltecas ya tienen una mala reputación en el extranjero. No es suficiente montar campañas de publicidad para cambiar esta imagen. Las empresas deben cambiar de manera real su forma de trabajar.

Tercero, Estados Unidos compra un 20% de los bienes exportados de Guatemala y han demandado a Guatemala bajo el Tratado de Libre Comercio entre estos países, porque la competitividad de las empresas estadounidenses se ve reducida, si a las guatemaltecas se les permite competir violando los derechos laborales de sus trabajadores/as.

Las exportaciones a los EE.UU. casi fueron duplicadas en los últimos diez años. Sin embargo, este éxito está en riesgo de desaparecer, si la comunidad empresarial de Guatemala sigue incumpliendo con el respeto a los derechos humanos. Esto significaría un agujero de más de Q3 mil millones anuales, en divisas por exportaciones. Esto conduce a una “carrera hacia el abismo”, donde todo el mundo pierde.

Durante nuestra visita a Guatemala, varias personas nos contaron sobre las protestas en 2015 y cómo los diferentes sectores de la sociedad en su conjunto contribuyeron para la condena al anterior gobierno por los casos de corrupción develados. Entendemos que una gran parte del sector privado no solamente apoyó estas protestas, sino que también asumió una actitud constructiva en relación a factores determinantes para el desarrollo del país.

Ya ha pasado un año desde el inicio de esas protestas y nos preguntamos ¿dónde están esas empresas ahora?  Ellas deben decidir si contribuyen al desarrollo real del país o si seguirán escondiendo la cabeza debajo de la tierra. Cualquiera que sea su elección, tendrá un impacto directo tanto en sus estados de resultados, como en sus perspectivas de futuro.

La región es en muchos aspectos interesante para las inversiones de empresas suecas. Somos varios a quienes nos gustaría participar en el desarrollo de Guatemala, pero para entrar en este tipo de inversiones, es necesario asegurar que el país cumpla con las normas internacionales.

“Las empresas guatemaltecas ya tienen una mala reputación en el extranjero. No es suficiente montar campañas de publicidad para cambiar esta imagen”.

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