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Morir de sed junto a la fuente

En un ya añejo soneto del cubano Nicolás Guillén, en buena hora musicalizado por su compatriota Amaury Pérez, ambos bardos recuerdan al también poeta francés François Villón, quien supo, dicen, “lo que es morir de sed junto a la fuente”.

Y en su primera línea el soneto apunta: “Cerca de ti, ¿por qué tan lejos verte?”.

Circunstancias para nada líricas ni románticas tienen a Guatemala en una situación límite y paradójica, precisamente de esas en las que aplica la idea de que es posible “morir de sed junto a la fuente”, o estar cerca pero al mismo tiempo lejos de un propósito deseado.

Nos referimos, como ya habrán captado nuestras y nuestros amables lectores, a la ahora incierta suerte de la aún inconclusa Terminal de Contenedores Quetzal (TCQ), convertida en noticia de primera plana no precisamente por las bondades económicas que podría significar para el país, sino por el escándalo de corrupción en el que están involucrados quienes fueran los primeros mandatarios de la nación, Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, en compañía de otros exfuncionarios de su gobierno y altos ejecutivos de la propia TCQ.

La magnitud del asunto hace comprensible que, hasta ahora, la atención pública se haya centrado en los aspectos judiciales y las revelaciones sobre los montos o destinos de las coimas millonarias pagadas y por pagar, en el caso investigado por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.

Pero ya es tiempo de que se reflexione sobre la suerte del ambicioso proyecto portuario, cuya importancia económica queda puesta en perspectiva por el reportaje del periodista Fernando Quiñónez, publicado hoy en estas mismas páginas.

De la profusa información aportada por el reportaje, puede obtenerse un colofón de una tonalidad inevitablemente gris: lástima que una obra de tanta importancia estratégica para el comercio exterior y para la economía del país, fuese edificada sobre los cimientos falsos de la corrupción.

El reportaje de Fernando Quiñónez deja claro que, en un contexto regional caracterizado por el limitado desarrollo de la infraestructura portuaria, contar con una terminal de contenedores de gran capacidad y avanzada tecnología daría a Guatemala una posición estratégica en los circuitos del comercio exterior no solamente centroamericanos, sino acaso globales, dada la posición geográfica privilegiada del Istmo como puente de unión entre el norte y el sur continental, así como entre el mundo Atlántico y el Pacífico.

Está claro que lo inmediato es arreglar todo lo que está torcido en la concesión que dio vida a la TCQ. Pero es fundamental tomar decisiones serias, con fuerte respaldo de la sociedad y con hondo sentido patriótico, para no morir de sed junto a la fuente.

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