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jaime barrios

Le vuelven a decir a Guatemala que el nivel de impuestos es muy bajo. Esta vez ha sido Ana Ivanova, jefa de la Misión para Guatemala del Fondo Monetario Internacional (FMI).

De nuevo insistimos: sin una tasa impositiva mayor resulta imposible combatir la pobreza y crear condiciones de desarrollo. Sería garrafal seguir esperando que la brecha entre riqueza y pobreza la arregle la “mano invisible” a través del derrame de la riqueza creada. Porque el único derrame que se da es el cerebral de los teóricos y corifeos neoliberales ante la imposibilidad de entender la crisis. Las ya podridas ideas neoliberales han fracasado en todas partes y en especial en Guatemala.

La falta de equidad en la distribución de la riqueza, socialmente creada pero privadamente distribuida, ha alcanzado niveles inaceptables. La pobreza aumentó en contraste con la concentración de mayor riqueza en menos manos y la disminución y debilitamiento de las clases medias. En países como el nuestro es origen de la violencia, la inseguridad y la corrupción. Porque la pobreza tiene causas y también efectos. La teoría de la autorregulación del mercado, y único mecanismo creador de bienestar, ha colapsado.

Samir Amin, economista egipcio, estudioso del desarrollo y subdesarrollo, también conocido como crítico del comunismo soviético, comparó al neoliberalismo con un virus letal, del cual la humanidad logró recuperarse. Otro economista (y Premio Nobel), el norteamericano Joseph E. Stiglitz, considera que ”el fundamentalismo de mercado neoliberal siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y tampoco está respaldado por la experiencia histórica”.

Lo peor para Stiglitz son las consecuencias de las políticas neoliberales: “…está claro quiénes son los perdedores: aquellos que siguieron políticas neoliberales, que no solo han perdido la lotería del crecimiento, sino que cuando esos países crecían, los beneficios iban a parar desproporcionadamente a las clases más altas”.

El neoliberalismo tampoco puede o quiere ver las consecuencias nefastas para el medioambiente, causadas por la falta de regulaciones. Hasta han llegado a negar fenómenos comprobados como el recalentamiento global y la contaminación minera y petrolera.

En cuanto a políticas públicas, el neoliberalismo se aplicó durante dos décadas con negativas consecuencias. Sería una actitud de ceguera y exacerbado sectarismo seguir disfrazando los fracasos con la machacada excusa de que “no fue el neoliberalismo, sino el mercantilismo”. Y que el “Estado benefactor” es algo perverso y negativo, es decirr, los neoliberales eliminan el concepto del “bien común”.

Las regulaciones para combatir el proteccionismo comercial, los monopolios, la especulación financiera y la asignación asimétrica de recursos, así como el necesario aumento de los impuestos para el gasto y los programas sociales, se tornan urgentes para asegurar la equidad y enfrentar la crisis social y económica.

Sería una actitud de ceguera y exacerbado sectarismo seguir disfrazando los fracasos con la machacada excusa de que “no fue el neoliberalismo, sino el mercantilismo”

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