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¿Las leyes generan realmente confianza?

Las dos grandes corrientes del pensamiento político que dieron origen a la construcción del Estado moderno, se define una como el uso de la coacción para el logro del respeto y orden de la sociedad y la segunda se generó a partir de un contrato social de mutuo consentimiento. En todo caso, se requirió de una legislación compuesta por un cuerpo de leyes que le daban certeza a la ciudadanía.

Esta reducida explicación nos sirve de marco para analizar nuestra sociedad, particularmente en lo que se refiere a revalorar la confianza como elemento vital de la concordia social en un mundo “desbocado”. Porque, nos enfrentamos como sociedad a una crisis de valores en donde prevalece la desconfianza como antivalor.

Y ahora que observamos que se ha dado el primer paso para una Reforma del Sistema de Justicia en Guatemala, habrá que recordar lo que sabiamente dijo Platón acerca de la justicia: “Nosotros, en fin de cuentas, no fundamos nuestra ciudad con vistas a la felicidad de una sola clase, sino para que lo sean todos los ciudadanos sin distinción alguna. Consideramos que en una ciudad así formada se encontrará la justicia mucho mejor que en cualquier otra y que en una ciudad peor constituida dominará por doquier la injusticia, con lo cual venimos a parar a lo que hace tiempo nos proponíamos. Ahora, pues, y no para que disfruten de la felicidad unos cuantos ciudadanos, sino para que la posean todos en general”.

Me pregunto si estos son los principios de esta reforma de la justica, porque en el fondo la crisis de valores es mucho más profundo que la ley. Con razón un amigo afirmó que una sociedad con abundancia de policías, es una sociedad de la cual habrá que desconfiar porque la existencia de tantos agentes refleja un vacío de confianza.

La pregunta es porque cada uno de nosotros aspiramos vivir en una sociedad en donde las relaciones sociales tengan un carácter humano y en la que prevalezca el respeto de la pluralidad de ideas. Ningún sistema institucional sobrevive sin ser sostenido, dice Hanna Arendt por una voluntad de vivir juntos.

Legislar es una cuestión central encaminada al fortalecimiento de la institucionalidad del Estado. Sin embargo, señala Adela Cortina: el aumento de leyes, no corresponde a mostrar la construcción de una sociedad verdaderamente humana. Ciertamente, el derecho es inevitable en un mundo que cobija la desconfianza mutua, pero, una sociedad juridificada no es una sociedad deseable, y no solo porque hecha la ley hecha la trampa, sino porque unas relaciones entre personas presididas por el recurso, la impugnación, la instancia y la sentencia condenatoria; unas relaciones en las que debe dirimir un tercero, por más señas, falible, no son relaciones verdaderamente humanas.

Desde esta mirada se requiere la reanimación de construir juntos una mejor sociedad. Somos los ciudadanos, protagonistas de la vida social, quienes debemos recuperar la confianza. Sin la inteligente buena voluntad de entendernos, mal vamos a construir una ética nuestra; mal vamos a construir un mundo al que podamos llamar nuestro.

Me pregunto si estos son los principios de esta reforma de la justica, porque en el fondo la crisis de valores es mucho más profundo que la ley.

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