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La soberanía como pretexto

Contra viento y marea el proceso de modernización y eficiencia del sistema de justicia ha avanzado en Guatemala. En términos generales se considera que dicho sistema lo integran el Ministerio Público, el Ministerio de Gobernación, el Organismo Judicial y la Corte de Constitucionalidad. Hay aún grandes retos por enfrentar y complejos objetivos por lograr, pero los impactantes casos que están ejecutándose en los tribunales de nuestro país, demuestran que hay avances. Esto apuntala una mejor percepción ciudadana, respeto a nuestro marco legal.  Políticos, empresarios y militares, están siendo juzgados penalmente mediante procesos públicos en donde se ha respetado el debido proceso.

El caso guatemalteco con la particular característica de estar siendo apuntalado por una instancia de carácter internacional (Cicig), está siendo considerado como potencial alternativa para ser replicado en otros países en donde el crimen organizado ha penetrado las instituciones públicas. No obstante, esto ha avivado el debate respecto si con ello se vulnera o no la soberanía de los Estados. En lo personal creo que para poder exigir el respeto a su soberanía, un país debe en principio haber creado un Estado eficiente en donde el órgano político-administrativo (gobierno) esté al servicio de todos los habitantes. En donde el gobierno garantice la seguridad, la educación, la salud y la aplicación de la justicia en forma democrática a todos los ciudadanos. Que exista un Estado fuerte en el marco financiero y que sea funcional en cuanto a la implementación de políticas públicas exitosas. Un Estado en donde la mayoría social esté orgullosa de construir su propio país. Evidentemente, este no es el caso de Guatemala, en donde las debilidades estructurales y seculares del Estado hicieron necesaria la implementación de una instancia internacional que coadyuvara a mejorar la investigación en materia criminal y en el mejoramiento de los procesos judiciales.

Creo que en un mundo interconectado, interdependiente y globalizado, el concepto tradicional de soberanía ha evolucionado y se ha modificado. Así como la Cicig vino a fortalecer el sistema de justicia, cientos de médicos cubanos han venido a compartir conocimientos y a realizar una labor profesional y humana sin precedentes. Así también el Gobierno de Israel ha apoyado silentemente a miles de agricultores nacionales implementando técnicas agrícolas muy eficientes a partir de nuestras deficiencias. Y en el contexto de alta tecnología, las compañías telefónicas internacionales han creado redes y sistemas de comunicación que revolucionaron ese fenómeno en el país y dependemos de ellas. Todos esos aportes no pueden ser considerados como una intromisión en nuestros asuntos internos, son producto del tiempo y las circunstancias vigentes. Por tanto, ese anquilosado concepto conservador de la soberanía que plantean algunos, no es más que un rescoldo nacionalista ingenuamente bien intencionado. Pero evidentemente el concepto soberanía también se manipula por intereses deliberados, temerosos de que la justicia llegue por fin a sus contaminadas costas.

Que exista un Estado fuerte en el marco financiero y que sea funcional en cuanto a la implementación de políticas públicas exitosas.

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