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Por enésima vez vuelven los intervencionistas con el tema de la famosa “Ley de Competencia”.  Dicen algunos de ellos que es un tema pendiente de cumplir en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica, que otros países ya la tienen y que hay presión de la Comunidad Económica Europea así como Estados Unidos para que pase esta ley. Dicen otros que es necesaria para que no exista colusión ente empresas para que suban el precio a los consumidores.

Sea como sea, todos los argumentos son erróneos. La Ley de Competencia será un desastre para Guatemala, un país pobre que necesita desarrollarse rápidamente para incrementar la riqueza para todos sus habitantes. Una ley de este tipo vendrá a frenar ese ansiado crecimiento económico que tanto necesitamos, al poner a la burocracia estatal a controlar el mercado de compra-venta de empresas, así como lo que puedan hablar directivos de unas con las otras del mismo sector.

Guatemala ya tiene una Ley de Competencia o Antimonopolios que está incluso en la Constitución de la República. El artículo 130 literalmente prohíbe los monopolios. Aunque parte de una definición que en nada ayuda a la comprensión profunda de lo que significa un monopolio, la prohibición existe. Sin embargo, el mismo gobierno con sus políticas mercantilistas como los aranceles y barreras no arancelarias, ha permitido que surjan precios de monopolio al proteger a ciertas industrias locales de la competencia del exterior.

¿Por qué considero que la definición más popular de monopolio, es decir, una sola empresa, es insuficiente e inadecuada? Porque el problema de que surja un precio de monopolio no tiene que ver con que exista una sola empresa, sino con que esa empresa pueda libremente subir su precio donde quiera, restringiendo la cantidad que ofrece a los consumidores. Entonces, el problema que debemos atacar no es el que exista una sola empresa sino el que esa empresa no tenga competencia. Y para que tenga competencia, todo el tiempo lo que se necesita es que en el país exista libertad de entrada de cualquier producto donde sea.

Libertad de entrada puede ser con productos fabricados en el exterior que no tengan que pagar ningún arancel de importación y no tengan barreras no arancelarias (permisos de importación o cualquier medida que solo se aplique al producto importado, pero no al nacional). La libertad de entrada también implica que cualquier persona pueda poner otra fábrica a competir con la existente.

Si no existieran barreras de entrada, la colusión entre industriales no importaría porque es precisamente la competencia la que destruye estos arreglos para subir precios. Esto es más efectivo que mil reglamentos prohibiendo y controlando a los empresarios.

Guatemala es un país muy pequeño. Las empresas más grandes de Guatemala no son nada en el mercado internacional al competir con las enormes empresas de los países desarrollados. Si encima queremos evitar que estas empresas puedan crecer, estaremos suicidándonos económicamente. Algunos de los que piden esta ley y critican a las empresas grandes guatemaltecas tendrían mejores resultados no con esta ley, sino con pedir que se eliminen todos los aranceles. Esto es lo primero que hizo Ruth Richardson en Nueva Zelanda cuando estuvo en el gobierno, habiendo recibido un país en quiebra y lleno de restricciones al comercio exterior. Eliminó todas las trabas y el país inició un despegue económico sin precedentes.

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