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Desmanes ponen al Legislativo en la picota

El Congreso está desprestigiado” es una especia de mantra que ha acompañado al Organismo Legislativo desde hace décadas. Lo lamentable es que en un sistema republicano es este poder del Estado el que ostenta la mayor representatividad de un pueblo que delega soberanía en los “padres de la patria”.

En la teoría, el Parlamento es una institución fundamental en un régimen democrático con pesos y contrapesos, pero la legitimidad y la calidad del control legislativo se tamiza por los diputados que integran a la institución, pero que además son reflejo de los partidos políticos que los postulan.

Es decir, no se puede esperar un Legislativo de altos vuelos, debido a que las organizaciones políticas simplemente no aplicaron control de calidad alguno y, en la mayoría de los casos, quien pudo pagar por su curul o logró “conectarse” con el dueño del algún partido fue quien llegó a uno de los 158 escaños.

La ola de estrés que generó en la clase política el destape de la corrupción en el Ejecutivo y en el Poder Judicial, en 2015, llegó menguada al Congreso y por ello, luego de un arranque de año marcado por la divulgación de los abusos en las plazas que se pagan con fondos públicos, los parlamentarios “de la vieja política” creen haber capeado el temporal y hacen fuerza por no ceder sus privilegios ni acabar con la posibilidad de seguir las prácticas extorsivas para beneficiarse.

Están en prisión dos expresidentes del Legislativo, y Mario Taracena ya advirtió a sus colegas que se “oyen pasos de animal grande”, en referencia a más capturas por acciones delictivas cometidas en el Congreso, especialmente por parte de exdirectivos.

Pero después de unas semanas, algunas bancadas se han “relajado” y las filtraciones de la manera en que pretenden beneficiarse de las contrataciones de obras y plazas en el Estado, evidencian que los diputados “van a lo suyo” y que, como algunos avezados observadores advierten,  no aprendieron la lección.

No cabe duda de que es muy difícil dejar atrás un sistema político corrompido y con mecanismos afinados para el lucro personal y el desprecio al bien social. Pero no debe perderse de vista que en 2015 ocurrieron cambios que muy pocos vislumbraron y a 100 días de un nuevo período constitucional, en el Ejecutivo y Legislativo, las voces que reclaman honestidad y trabajo a favor del país vuelven a escucharse.

Sano sería que sin necesidad de otro remezón, como el que sacudió al Ejecutivo, los diputados voluntariamente asumieran el papel que la ciudadanía y la patria demandan, pero está visto que esta expectativa no se corresponde con la realidad en el edificio de la 9a. avenida, pues como mencionó el jefe de la Cicig, muchos siguen jugando a ganar en “la lotería de la impunidad”.

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