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Dimensiones de la democracia

Después de la firma de los Acuerdos de Paz, los ciudadanos creímos que a partir de ese momento histórico las cosas iban a cambiar sustantivamente en nuestro país.

Sin embargo, hoy observamos con frustración que en nuestra sociedad se ha profundizado la problemática social, porque en el fondo lo que existe es un concepto formal de democracia que genera relaciones excluyentes.

Vivimos en un territorio que ahora más que nunca, está golpeado por la escasa sabiduría humana. Se observa en pleno siglo XXI formas salvajes de acumulación de capital al percatarnos que las aguas de los ríos del territorio nacional, sencillamente se desvían para regar grandes territorios de monocultivos como la caña de azúcar o la palma africana o bien para hidroeléctricas privadas. En esos trechos desviados el agua no corre y se muere todo lo vivo: plantas, peces, entre otras dimensiones de esta tragedia nacional.

Es un estilo de democracia donde no se le apuesta a la felicidad humana ni a la calidad de vida de los seres humanos, ni de la naturaleza. La ciudadanía no logra encontrar el camino o las vías para serlo de verdad, a no ser esa hermosa marcha de campesinos que caminan por diferentes territorios exigiendo el derecho al agua como signo vital de la vida.

Hasta hoy no vemos un proyecto de democracia en la que el derecho a la salud sea una realidad, porque no hemos entendido en este caso que la salud significa plenitud de vida, felicidad y bienestar. No basta con llenar las bodegas de los hospitales con medicamentos, porque no habría presupuesto alguno para este cometido, sino quizás solo negocios. Lo que observamos es la triste realidad, en la cual pareciera que se prioriza la enfermedad para justificar la compra de medicinas, contrario a avanzar en un sistema de salud en donde se privilegie precisamente la salud y no la enfermedad. En el campo se evidencia pobreza, ausencias, lejanía, desnutrición, falta de apoyo tecnológico para los campesinos y en la ciudad, además de la pobreza, desorden e inseguridad ciudadana. Ante este cuadro, ninguna persona consciente puede afirmar que han cambiado los dramáticos cuadros de pobreza, por los de bienestar.

Significa que en Guatemala hasta el día de hoy, la democracia es una abstracción y una acción política electoral; pero no ha existido un proyecto de cómo construirla porque no se  visualizan políticas ni acciones reales y significativas del Estado en torno a la salud, a la educación, a la seguridad ciudadana, a la justicia, ni mucho menos a una economía de equilibrio social.

En ese sentido, a fin de lograr que nuestro país sea un país de verdad, debemos superar la dramática condición de una niñez desnutrida, sin escuela y que nuestros jóvenes puedan estudiar, trabajar, soñar y ser felices. Para esto, requerimos al menos una inversión social de tres décadas que superen más de un siglo de ausencias que viabilice el camino que nos permita  construir un estado de bienestar ciudadano.

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