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Llamado para dejar atrás la indiferencia

Pocas veces una fecha como la de hoy, en la cual se conmemora globalmente el Día de la Tierra, había convocado nacionalmente tantas expresiones comunes de preocupación y tantas voluntades dispuestas a unirse, para ir más allá de la convencional (y usualmente vacía) toma de conciencia, buscando ahora pasar a las acciones que apunten hacia resultados congruentes con la gravedad de los problemas del ambiente o, para decirlo con palabras del papa Francisco, de la casa común.

Sin ninguna duda, el grado de atención pública que ha recibido en esta oportunidad lo que usualmente es una mera conmemoración retórica, se debe al esfuerzo valiente y ejemplar de las y los miles de participantes en la Marcha por el Agua, la Madre Tierra, el Territorio y la Vida, quienes en tres vertientes culminan hoy en la ciudad de Guatemala 12 días de movilización con un mensaje claro: es tiempo de dejar atrás la indiferencia; el acceso al agua es un derecho de todas y todos, porque el agua es vida y la vida es el primer derecho garantizado por la Constitución Política de la República.

Los abusivos desvíos de ríos por parte de empresas carentes del mínimo concepto de responsabilidad social, la incalificable contaminación de casi todas las cuencas y reservorios hídricos del territorio nacional, la escasez o la ausencia total de la provisión de agua potabilizada en muchísimos hogares urbanos y rurales, son solo algunas de las expresiones más agudas de un problema que atañe a toda la sociedad guatemalteca. Es un asunto que no debería dejar lugar a la indiferencia.

Hemos dicho en otros comentarios editoriales, y es del caso repetirlo, que los conflictos sociales en curso y los que están por venir en relación con el agua, nacen de un modelo económico y social depredador, que nos está llevando a convertir el jardín primaveral que siempre fue Guatemala, en un desierto.

Hemos dicho, también, que la alta vulnerabilidad de nuestro país frente a fenómenos globales, como el cambio climático y sus manifestaciones catastróficas, no es “un fenómeno natural”: es, nuevamente, el resultado de ese modelo económico y social que explota hasta la extenuación a los seres humanos y a la naturaleza.

En su carta encíclica Laudato Si, divulgada en mayo de 2015, el papa Francisco hace “una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta”, y exhorta a realizar un “diálogo que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”.

Ese llamado vale para Guatemala. Por eso, nuestras hermanas y hermanos que caminaron desde lejanas tierras vienen a interpelarnos para que dejemos atrás la indiferencia.

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