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La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala se activó comprometidamente a partir de la llegada del comisionado Iván Velásquez. Sus dos antecesores, con el escuálido respeto que merecen, nunca valoraron la importancia capital que la comisión posee y menos aún, la trascendencia de su vigencia y los efectos de sus acciones a favor de 17 millones de guatemaltecos. Pero la CICIG apuntaló su trascendente labor a partir de la llegada de un nuevo embajador de Estados Unidos, el señor Todd Robinson, activo y decidido, quien no vaciló en dar el apoyo pleno a ese ente internacional. Ambas manifestaciones han generado vivos debates respecto a la vigencia o erosión de la soberanía nacional. Pero claro está: sin la cooperación externa hacia el sistema de justicia seguramente en nada habríamos avanzando en la referida materia.

El tríptico perfecto se selló cuando la independencia y la valentía de una mujer abogada superó todas las expectativas; me refiero a la fiscal Thelma Aldana. Este triángulo de la justicia obligó al organismo judicial para que se activara en contra de la corrupción, ciertamente, no sin dificultades, porque en el interior de ese cuerpo judicial, anidan jueces ligados a grupos delictivos con quienes de antemano se sabía, no se podía operar. Afortunadamente, para nuestro país, los hubo, hombres y mujeres valientes, que merecen un efusivo reconocimiento.

Pero a pesar de lo anterior, poco se hubiese logrado sin el respaldo de una prensa independiente y comprometida con esa tormenta perfecta que vino a darnos fuerzas y esperanzas respecto a que podemos tener un mejor país. Se evidenció como contraparte, el lado oscuro de la prensa, esos medios cooptados por intereses político-mercantilistas, que se prostituyen al ponerse al servicio de los políticos corruptos de turno.

Miles de guatemaltecos despiertan cada día con mayor consciencia e interpretan en mejor forma la coyuntura nacional; una sana politización se está dando, haciéndonos todos responsables de encontrar caminos para darle viabilidad a nuestro país. No menos importante ha sido la función cumplida por guatemaltecos radicados en el exterior, que desde sus propias circunstancias y sorteando sus limitaciones, se han expresado y han apoyado este proceso tan importante para nuestra patria.

Hoy nuestro pueblo se está identificando cada vez más en relación a nuestros urgentes intereses comunes: instituir un verdadero sistema de justicia, luchar sin descanso contra la corrupción, impedir la destrucción de nuestros recursos naturales y fiscalizar a todas las instituciones del Estado.  Ayer se luchó por la transparencia, hoy se lucha por el agua y la preservación de los recursos naturales, mañana se luchará por el derecho a una vida mejor para todos los guatemaltecos sin excepción. Guatemala cambió. No es más esa finca cercada y amedrentada en donde una élite perversa y corrupta, operaba sin restricción. Guatemala despertó y nada detendrá ya las profundas reformas que nuestro pueblo exige y merece. Falta mucho pero vamos en la ruta correcta.

El desafío era identificar jueces probos y valientes que asumieran sus responsabilidades con transparencia y contundencia

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