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Los entresijos de una caja de Pandora

La suspensión de la audiencia de primera declaración por el caso TCQ (Terminal de Contenedores Quetzal), decidida ayer por el juez de Mayor Riesgo B, Miguel Ángel Gálvez, causa poca sorpresa.

Primero, porque el juzgador ya nos tiene acostumbrados a su forma meticulosa de llevar los procesos que llegan a esa judicatura de casos de alto impacto. Segundo, porque desde el inicio de la fase intermedia del caso La Línea se ha hecho evidente que los defensores de los principales implicados (actuando notoriamente coordinados) han optado por el trillado camino de “ganar tiempo”.

Se conjugan, así, los cuidados del juez Gálvez y el legítimo derecho de los acusados y sus abogados de tener la información suficiente para el ejercicio de la defensa. En esto no hay resquicio de duda: hasta el peor criminal, incluyendo los de cuello blanco, está garantizado constitucionalmente de tener un debido proceso.

Entretanto, el caso TCQ se va desdoblando en sus múltiples aristas, que lo han convertido en una verdadera caja de Pandora tropical, de cuyo interior empiezan a salir los grotescos esperpentos de un sistema que está quedando al desnudo.

Como señaló algún columnista de un medio impreso semanal, frente al caso TCQ, el de La Línea aparece como “la caja chica” de la corrupción convertida en política de gobierno, considerando únicamente los montos de las coimas recibidas o acordadas por los presuntos cabecillas de esta viciada concesión (es decir, la privatización) de un servicio público, otra vez Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

A estas alturas de los destapes realizados por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, tampoco sorprende que ambos exgobernantes aparezcan como los principales sospechosos y acusados del caso. Pero no deja de causar sorpresa el grado de involucramiento que, aparentemente, tuvieron en este oscuro negocio entidades o personajes a quienes, en otro tiempo, se podría haber considerado libres de toda duda.

Empresarios, juristas y formadores de opinión pusieron su buen nombre al servicio de ese proyecto; ahora pasan por el embarazoso trance de explicar cuál fue su participación en el asunto.

No es menor el sonrojo y las explicaciones debidas de la Corporación Financiera Internacional, del Banco Mundial, que aparece como propietaria del 15 por ciento de las acciones del proyecto liderado por Grup TCB.

Y qué decir de este último, que se presenta en su página de internet como “líder global en desarrollo y gestión de terminales de contenedores”, con trece de ellas en países de Europa, América y Asia Pacífico. ¿Así como hizo en Guatemala opera en otras partes?

Claman por su inocencia. Pero tarde o temprano se iniciará el proceso suspendido ayer. Entonces sabremos quiénes estaban en la caja de Pandora tropical.

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