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El crecimiento de los países

En las últimas décadas han surgido distintas aproximaciones al tema del crecimiento de los países del mundo. Muchos han intentado proyectar cuáles naciones serán las de mayor relevancia en el futuro.

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Allá en los años sesenta, en el libro “El Desafío Americano” se habló del largo dominio que Estados Unidos tendría en la economía global.

En 1980 el político frances Jean-Jaques Servant-Schreiber en su libro “El Dasafío Mundial” describió a Japón como potencia informática mundial y promovió la unión de toda Europa frente al reto de América y Asia.

En 2003 el economista Jim O’Neill de Goldman Sachs crea el término BRIC para referirse a Brasil, Rusia, India y China, y plantea que esos cuatro países serán económicamente más importantes que el conjunto de los países del G6 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia).

Esas naciones emergentes tuvieron un desempeño económico sobresaliente hasta el 2010, pero en los tres últimos años sus resultados han ido deteriorándose. El desplome del precio y la demanda del petróleo y otras materias primas ha afectado severamente a Brasil y a Rusia, y el crecimiento de China e India ha sido mucho menor al que experimentaron la década anterior.

Hoy presenciamos cómo Estados Unidos ha dejado de ser el motor del crecimiento económico global, cómo Japón ha dejado de ser la gran potencia del cambio, y cómo Europa lucha por mantenerse unida y conservar su relevancia.

Los modelos de crecimiento económico se topan, tarde o temprano, con que la realidad que interpretaron no es la que finalmente ocurrió. Los factores que Goldman Sachs ha tomado en cuenta para pronosticar el desarrollo de los BRIC se han entrecruzado con muchos otros: corrupción de gobernantes, malestar de los ciudadanos, brotes de epidemias, conflictos internacionales, deficiente administración pública, violencia y terrorismo. Todos ellos pueden influir en la economía.

Muchos cambios, en demografía, educación y salud, gestión pública, sistemas financieros, mercado interno, apertura comercial, inversión extranjera y otros, pueden impulsar o inhibir el crecimiento económico. El mundo no es estable, y todos esos cambios demandan de los gobernantes ajustar el modelo de desarrollo económico de sus países.

El gran dique de crecimiento de los países latinoamericanos reside en la dificultad de contar con gobernantes honestos y competentes. Necesitamos nuevos modelos educativos, de administración pública, creación de infraestructura y sistemas financieros, entre otros. Pero lo impide el nivel de corrupción que hoy vivimos en México y Latinoamérica.

El crecimiento de un país depende de su competitividad, y esta depende de que nos enfoquemos en todos los niveles, gobierno y empresas. Los ejes de focalización de nuestros países deben implementarse continuamente por años, y ajustarse cada vez que el entorno lo reclame.

Pero nuestras clases gobernantes tienen otras ideas. El poder, el dinero y sus propios intereses les son más importantes que el progreso. Si los partidos políticos ganan, se dedican a explotar su posición en beneficio propio. Si pierden, se dedican a debilitar y criticar al contrario y prepararse para las siguientes elecciones. Así no contamos con una base sustentable de gobernabilidad ni con líderes adecuados para conducirnos por un camino claro de crecimiento.

El diagnóstico es sencillo. No crecemos porque no somos competitivos. No lo somos porque no contamos con un rumbo claro para conquistar posiciones sustentables de gobernabilidad. No hemos definido ese rumbo porque no tenemos los líderes adecuados por tiempo suficiente. No los tenemos porque nuestro sistema político entero está podrido y diseñado para el beneficio personal de los dirigentes.

Hemos llegado a una visión pesimista y distópica (lo contrario de utópica) de nuestro futuro. La recuperación del crecimiento dependerá de líderes políticos y empresariales competentes, y con espíritu de Dueñez®, para ambicionar y lograr metas magnánimas de prosperidad para todos.

No hay duda de que la percepción distópica de nuestro futuro es fruto de la calidad de nuestros líderes

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