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Siempre esperando el desarrollo económico

El tema del desarrollo económico, con mayor énfasis a partir de la fundación del sistema de las Naciones Unidas, poco después de finalizada la Segunda Guerra mundial, constituye materia por demás compleja, de múltiples aristas  en lo político, económico e ideológico. Así, los procesos de estructuración de instituciones para el desarrollo, destinadas a ocuparse de unidades económicas y sociales como países o regiones, abarcaron la segunda mitad del siglo 20. Y hoy día, transcurridas casi las primeras dos décadas del siglo 21, lo cierto es que buena parte de la población de países donde se aplicaron experimentos para el desarrollo, tal la Alianza para el Progreso de 1960-70, sigue como a la espera de las prometidas condiciones de vida mejoradas.

Lo anterior se patentiza si atendemos a que “Hoy una cuarta parte de la humanidad es joven (de 10 a 24 años). La gran mayoría vive en el mundo en desarrollo, de acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas. . A escala mundial, dos de cada cinco jóvenes no están trabajando o tienen un empleo tan mal pagado, que no pueden escapar de la pobreza.  En el mundo en desarrollo, la mayoría de los jóvenes trabajadores tienen empleos que son esporádicos, mal pagados y no ofrecen ninguna protección; a las mujeres les va peor.” (Somini Sengupta, suplemento The New York Times-Prensa Libre, 13 de marzo 2016).

Y lo anterior, parece perfectamente reducible a los términos de Guatemala, respecto de lo cual me permito citar  algunos de nuestros respetables columnistas que agregan su voz.  Así, de Mario A. García Lara: “La pobreza en el área rural guatemalteca es lacerante y vergonzosa. Es evidente que la búsqueda del desarrollo rural debe ser una prioridad de las políticas públicas del país”. De Hugo Maul: … “aunque  el discurso oficial no lo reconoce claramente, no puede abandonarse la opción de promover el surgimiento y consolidación de grandes empresas…con mayores niveles de inversión y productividad por cada trabajador y con el potencial de crear grandes cantidades de empleo formal de una sola vez”. Gonzalo Asturias considera dentro del fortalecimiento del Estado de derecho, “…la atracción de capitales para aumentar la producción …  y la productividad, que es la forma sana de aumentar los salarios y de reducir las desigualdades”; Edgar Gutiérrez se refiere a la agenda geopolítica de Washington para el Triángulo Norte de Centroamérica, cuyo punto 7) se lee: Promover “programas de apoyo para reducir la pobreza, crear empleos y promover el crecimiento económico equitativo” especialmente en áreas expulsoras de mano de obra; de Jaime Arimany: “El haber quitado la oportunidad a los pobrísimos trabajadores en el interior de la república, al no permitir a nuevas maquiladoras pagar salarios menores al oficial en el interior del país, es irresponsable e inconstitucional”. Y un reciente análisis de Asies señala “alarmantes indicios de malestar ciudadano por el agravamiento de condiciones de vida…”.

Todos evidencian claramente lo  impostergable,  la creación de empleo formal y abundante.

Crear empleos y promover el crecimiento económico equitativo

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