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El teatro guatemalteco está de luto por Javier Pacheco

Una neumonía repentina le produjo un paro respiratorio al actor, director, vestuarista y maquillista Javier Pacheco, quien durante más de seis décadas formó parte de la escena teatral guatemalteca y contribuyó con la formación de varias generaciones de artistas.

Durante la mañana de ayer, la noticia corrió a través de los teléfonos y fue divulgada por todos los medios de comunicación: Javier Pacheco, quien padecía de diabetes, murió inesperadamente. Originario de Petén, el artista tenía 75 años y desde muy temprana edad se había dedicado al arte dramático. Dominaba la actuación, el maquillaje, el vestuario, la dirección y la producción.

Uno de los fundadores de la Escuela Superior de Arte de la Universidad de San Carlos, Pacheco formó un grupo folclórico en el barrio donde vivía, a los 8 años de edad. Su amigo y compañero de tablas, Alfredo Porras-Smith, comenta que inició su formación teatral a los 13 años.

SU RECUERDO EN EL CENTRO

Pacheco solía dar largos paseos por el Centro Histórico, especialmente por la Sexta Avenida. Era frecuente verlo sentado en la entrada del restaurante Fu Lu Sho, tomando un té o un café. Seguramente, su recuerdo rondará durante mucho tiempo por esas calles que tanto amó y donde disfrutaba narrándoles a los más jóvenes muchas anécdotas de su vida en el arte, que él supo vivir como una aventura gozosa, pero al mismo tiempo, como una disciplina rígida y exigente.

Con un carácter que podía ser irascible y explosivo, supo cultivar largas amistades. El maestro Porras-Smith
narra que fueron amigos durante 55 años. “Ayer a las seis de la mañana me dieron la noticia de su muerte. No lo podía creer, por lo inesperado; estuvimos juntos para Semana Santa y durante el Festival Nacional de Teatro. Como director era muy exigente. De alguna manera, nos llevábamos mejor de amigos que como compañeros de teatro. Era demasiado perfeccionista”.

Conocido por un ingenio bastante mordaz y directo, en ocasiones también sarcástico, “era muy Javier y muy Pacheco”, dice María Teresa Martínez, quien recuerda que se conocieron en los años 60, cuando su padre era director de la Escuela Nacional de Teatro. “Fue mi alumno de voz y dicción. Nos hicimos amigos y mi hija le decía padrino; éramos compadres de toda la vida. No puedo mencionar el número de obras en las que trabajamos juntos, pero recuerdo  especialmente los inicios del Teatro Gadem, en el Grupo Diez, allá por los 70”, dice la actriz.

EL ARTISTA MORDAZ

El actor nunca vaciló en decir las cosas tal como las veía, sin temor de herir susceptibilidades, pero siempre con un gran ingenio que terminaba por hacer reír a los blancos de su humor negro. La falta de compromiso con el trabajo, poco rigor en el estudio y la carencia de disciplina motivaban sus explosiones de mal humor, que sumado a su habilidad verbal lo hicieron famoso en el teatro, donde llegó a ser temido pero, al mismo tiempo, bien querido por discípulos y compañeros.

María Mercedes Arce, actriz, maquillista y diseñadora de vestuario teatral, narra: “Pacheco fue como parte de mi familia. Estaba ahí desde antes de que yo aprendiera a caminar”.  A  esto, agrega su madre, la también actriz Mercedes Arrivillaga: “Me dirigió en diferentes obras, compartimos alegrías y tristezas, aparte de escenarios. Amigo en las buenas y en las malas, y le enseñó a mi hija a coser esas bellezas de vestuario teatral que ella elabora”.

“Enróscate, víbora”

Conocido por ser “malhablado” y directo, una de las anécdotas que se atribuye a Pacheco es que, estando presente ante otro actor que minuciosamente estaba criticando a un compañero, se acercó con el brazo extendido y se paró frente a él, hasta que, perplejo, le preguntó por qué no bajaba el brazo. Dicen que Javier se limitó a responderle: “Enróscate, víbora”.

Su ingenio estaba salpicado de chapinismos y “malas palabras” que decía de una forma tan graciosa y natural que no llegaban a ser molestas. Sin embargo, pese a esa forma tan especial de expresarse, era “generoso con los principiantes; jamás tuvo egoísmo para enseñar todo lo que había aprendido en su larga vida artística”, dice María Mercedes Arce.

En la escena internacional

Entre las diversas giras que realizó Javier Pacheco, resalta la de 1983, cuando viajó a México con Teatrocentro para presentar Edipo Rey, con la que ganó varios premios como actor secundario y diseñador de vestuario y maquillaje.

En pleno conflicto armado interno, las expresiones artísticas se vieron afectadas y entre 1983 y 1990 no se realizaron giras artísticas al extranjero. Pacheco, presente en una de las últimas salidas de una compañía teatral, también estuvo cuando el teatro volvió a salir, en la gira europea de la obra La Profecía, de Manuel Corleto y dirigida por el francés Jean-Ives Peñafiel.

En 1994  viajó a Argentina con el dramaturgo Hugo Carrillo para asistirlo en la dirección de Las orgías sagradas de Maimón.

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