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La economía nacional crece a pesar de todo

Aunque la convulsión sociopolítica y la crisis institucional fueron las notas dominantes en el acontecer guatemalteco durante el pasado 2015, la buena noticia es que, a pesar de todo, la economía nacional sigue creciendo.

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Así lo confirma la información oficial del Banco de Guatemala relativa al cuarto trimestre de ese año, la cual indica que por segunda vez consecutiva se logró un crecimiento del producto interno bruto (PIB) por encima del 4 por ciento.

Es bien sabido que para superar sus rezagos históricos, particularmente aquellos relacionados con una alta incidencia de la pobreza y la pobreza extrema, la economía nacional debería crecer anualmente por arriba del 7 por ciento, de manera continuada durante varias décadas.

No obstante, el resultado preliminar de la medición del Banguat no es malo. Sobre todo si se tiene en cuenta que el crecimiento del PIB observado en 2015 no solamente ocurrió en un ambiente político e institucional interno convulsionado, sino también en un entorno económico internacional marcado por la lenta y errática recuperación de la crisis global iniciada en 2008.

Téngase en cuenta, a ese respecto, que los principales socios comerciales de Guatemala apenas crecieron a una tasa promedio de 2.4 por ciento y se mantendrán a ese ritmo por lo menos durante el actual y el próximo año, según las previsiones de los expertos.

Cabe insistir en la significación de que se haya mantenido el crecimiento económico, durante el año más difícil en la vida política e institucional reciente del país. Cuando se observa el comportamiento del Índice de Confianza de la Actividad Económica, es notorio su derrumbe a lo largo de prácticamente todo 2015, hasta llegar a su nivel histórico más bajo en agosto de ese año.

La conclusión evidente es que, de haberse prolongado por más tiempo la crisis política, a estas fechas probablemente no estaríamos reseñando un resultado positivo como el que comentamos.

Resultado que, sin embargo, no debería conducir a realizar cuentas alegres. Al contrario, es obligado reflexionar sobre el lastre que puede significar la crisis institucional para el crecimiento de la economía. O, dicho de otro modo, cuánto más podría crecer la producción nacional de no existir ese peso muerto.

Pero, además, es bien sabido que una cosa es que haya un crecimiento positivo del PIB, esto es, que la economía esté generando mayor riqueza, y otra es que este resultado se traduzca en una mejora automática en las condiciones de vida de la mayoría de la población, que haya una distribución más equitativa de esa riqueza nueva.

Y es en este punto donde vuelve a hacerse relevante el dato de la crisis política e institucional, ya no solo como un lastre que impide crecer a tasas más elevadas, sino como un estado de cosas que es obligado superar si algún día queremos que mejore la ecuación entre crecimiento económico y desarrollo humano. Ese es el reto.

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