Home > Columnas > La verdad duele

La posición de Estados Unidos parecería entenderse con pocas palabras: “Ya estuvo suave”. O sea que dejaron correr la situación de Guatemala hasta un punto en que dijeron ya no más. Lo que más asustó a la nación del Norte fue la migración de miles de niños y niñas llegando a su frontera como consecuencia de los débiles sistemas de salud y educación existentes en los países de Centroamérica, especialmente Honduras, El Salvador y Guatemala. Y entonces vino un embajador que ya antes estuvo un par de años aquí como encargado de negocios y que además conoce los problemas de América Latina.

Tood Robinson, negro y de mentalidad abierta como Obama tiene una carrera de más de 30 años en las embajadas de El Salvador, Colombia, Bolivia y República Dominicana.

Frente a un Obama que restableció las relaciones con Cuba no debe extrañar la postura del diplomático estadunidense. De hecho, no es el único que tiene críticas hacia Guatemala. Muchos embajadores que conocen el país se sorprenden de los niveles de pobreza y de las carencias en salud y educación, así como de la indiferencia de los gobiernos, empresarios y políticos ante esa realidad.

Robinson ha dicho frases lapidarias que han dolido a los cara dura de este país, que no quieren abrir los ojos. Le han dicho que cese su intervencionismo y él ha respondido que “en la lista de prioridades, el tema de soberanía está de último cuando hay gente que muere de hambre, cuando no hay medicamentos en los hospitales, cuando hay gente que no tiene energía y agua en este país”.

Y uno no resiste la tentación de repetir sus palabras. Dice el embajador de Estados Unidos: “Yo creo que es muy interesante que haya gente hablando de que se han ofendido de mis palabras, pero no están ofendidos de gente muriendo de hambre en este país. Están hablando de la guerra de 1954; eso no me importa. Para mí es más importante la Guatemala del 2016. Una mujer con su bebé que murió en sus brazos, enfrente de un centro médico. Esto no tiene sentido, para mí esto es ofensivo”.

En Guatemala hay personas que prefirieran que nadie hable de estas cosas. Fuera mejor hablar del átomo o de las galaxias, de vírgenes y cucuruchos, pero no de que las familias de occidente y del oriente que están emigrando por falta de oportunidades, de atención en salud, de alimentos y de educación.

Se olvidan las prioridades. Que las comunidades del área rural están abandonadas a su suerte. Que hay que trabajar en beneficio de la población. Las protestas del 2015 no fueron captadas, porque los políticos que llegan a los cargos, en los municipios y el Congreso, siguen practicando los mismos vicios del pasado, ligados a la corrupción, los privilegios y los abusos de poder.

Tiene razón el embajador, pero algunos se ofenden. “Que se vaya”, “non grato”, dicen, alegando intervencionismo. La soberanía es un derecho que se gana cuando se tiene un país con acceso a la educación universal, a una atención digna en salud y un efectivo y sólido estado de derecho, con justicia para todos.

Robinson ha dicho frases lapidarias que han dolido a los cara dura de este país, que no quieren abrir los ojos

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